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Número 44
No es solamente fútbol

No le faltaba razón a Albert Camus cuando razonaba “porque, después de muchos años…

Número 43
Los tiempos están cambiando

Una de las composiciones más conocidas del reciente Premio Nobel de Literatura se titula “los…

Número 42
Sobre la exposición a los medios de comunicación

Estamos asistiendo en los últimos tiempos a una masiva aparición de la Abogacía del Estado…

Número 41
Times they are a changing

Viene del recuerdo la letra de la vieja canción de Bob Dylan, escrita en 1962, en la que reclamaba a…

Número 40
Felipe VI

La fotografía que acompaña a estas líneas recoge el momento en el que, quien por entonces…

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Número 08
enero a marzo de 2005.

La reforma de la Constitución Española

La norma jurídica ha de adaptarse a la realidad constantemente para poder regular las relaciones que en toda sociedad cambiante se van produciendo. La norma inmóvil al cambio se va tornando ineficaz pues en realidad es su uso el que va adquiriendo valor normativo y ya no la norma misma y la jurisprudencia la que va modernizándola en una función que no le debería ser propia desde una estricta división de poderes y que siempre genera inseguridad por su incertidumbre en el ciudadano afectado.

La Constitución, como norma de normas, no puede ser una excepción a la idea de cambio. Cierto que como norma superior debe estar dotada de una mayor estabilidad que aquellas otras normas de rango inferior que cotidianamente le presentan batalla a la realidad.

Va a hacer 26 años que se aprobó nuestra Constitución y sólo ha tenido una leve reforma relativa al derecho de sufragio pasivo que ni siquiera precisó de referéndum para su aprobación. Surgen hoy nuevas tensiones provocadas de manera muy especial por el reparto territorial del poder político. Y son cuestiones que, ganado ya, tras todos estos años de constante esfuerzo, un fuerte equilibrio político y social, tienen hoy mayor importancia que en el año 1978.

En cualquier caso, dos ideas básicas deben presidir cualquier intento de reforma: en primer lugar, debe informarse del mismo –o mayor– consenso político que hubo en su elaboración y, desde luego, ser objeto, en la cuestión territorial –como en las otras que se están planteando relativas a la Corona, por ejemplo–, de referéndum ciudadano y, en segundo lugar, debe garantizar que un conjunto –mayor o menor– de derechos y obligaciones de contenido político, social y económico sean idénticos para todos los ciudadanos en cualquier parte del territorio de España.