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José de Yanguas y Messía fue Abogado del Estado y un gran experto en Derecho Internacional. Entre otras cosas se encargó de la negociación del concordato de 1953 con la Iglesia Católica y para ello fue nombrado Embajador ante la Santa Sede en la época del Papa Pio XII. En una recepción papal una de las personas presentes le recordó al Santo Padre que un amigo común había fallecido recientemente y de forma inesperada. El Papa, de manera sentida dijo: “No somos nadie”. Nuestro compañero apuntilló: “Disculpe Santidad, yo soy Abogado del Estado”.

Al margen de la anécdota, lo cierto es que es eso lo que somos, “abogados”, y en el digno ejercicio de nuestra profesión, nos regimos por nuestra norma, por la Ley de Asistencia Jurídica al Estado e Instituciones Públicas. Lo que somos y para lo que servimos es lo que nos dice la Ley emanada por los representantes del pueblo como soberano y a ella nos debemos ahora y siempre, porque eso implica hacer lo que los ciudadanos nos han encomendado.

Como dice el Código Deontológico de la C.C.B.E. (Consejo de los Colegios de Abogados de la Comunidad Europea), en una sociedad fundada en el respeto a la Justicia, el abogado tiene un papel fundamental. Su misión no se limita a ejecutar fielmente un mandato en el marco de la Ley. En un Estado de Derecho el abogado es indispensable para la Justicia y para los justiciables, pues tiene la obligación de defender los derechos y las libertades; es tanto el asesor como el defensor de su cliente. Su misión le impone deberes y obligaciones múltiples, y algunas veces, con apariencia contradictoria.

A veces, caemos en el discurso sencillo y fácil de culpar de aquello que no compartimos a aquél que lo defiende como abogado, pese a que ninguna intervención haya tenido en generar el litigio. El abogado defiende el interés que le ha sido encomendado, lo hace con lealtad, diligencia y sigilo, y el hecho de que la Administración actúe con presunción de legalidad no la excepciona del derecho a ser defendida, al igual que esa misma presunción, de no ser cierta, debe ser descubierta por la misma Administración y en su defecto, por aquél a quien perjudica, ante un Tribunal de Justicia.

A todos, en nuestros ámbitos profesionales, nos gustaría tener la razón absoluta de nuestro lado –si existe–; que nuestras convicciones –que siempre son las correctas–, fueran la guía de actuación de aquél a quien servimos; que nuestro cliente –siempre bueno–, fuera la víctima de atropellos inasumibles; pero el abogado es parte, asesora a su cliente, defiende o acusa a quien se entiende vulnera el derecho de aquél al que se sirve, y ese es el oficio, la dignidad y la utilidad del abogado, nada más.

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Este número de nuestra Revista es protagonizado por una de nuestras compañeras más justamente merecedora de ese aprecio. Al margen de otros posicionamientos, María Dolores de Cospedal goza del aprecio del colectivo de funcionarios al que pertenece por haber realizado y seguir desempeñando su función bajo el principio del servicio público al ciudadano, antes desde la condición de Abogada del Estado en activo y ahora como cabecera de una de las principales formaciones políticas del país. Desde aquí, por tanto, le manifestamos nuestro aprecio y nuestro agradecimiento por habernos concedido una entrevista que seguro resultará de interés para los lectores.  

Por otro lado, continuamos en la tarea de hacer de la Revista de la Asociación de Abogados del Estado un foro abierto entretenido e informativo que mire a nuestro colectivo y se extienda lo máximo posible a aquello que genéricamente podemos llamar “Administración”. Nuestro trabajo diario, el de Abogados del Estado, no se dirige hacia otros compañeros, estamos acostumbrados a que nuestra función sirva a otros y el resultado de esta labor es el espejo donde se refleja lo que somos y para lo que servimos. Es por tanto vocación también de esta querida revista servir para vernos reflejados en ella y con ese intenso sentimiento de responsabilidad sacamos cada número.  

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Los éxitos deportivos vividos en las últimas fechas generan un estado de ánimo colectivo sin duda positivo y sin duda favorable. Este estado de ánimo positivo, derivado de la consecución de hitos deportivos, no debe significar ni debe extenderse más allá de lo que realmente implican. La consecución de un éxito se encuentra limitado en cuanto a su alcance por sus reglas y fines predeterminados. España no lo es más ni menos que antes de ganar un mundial ni lo será después de perder el siguiente; lo que sí es cierto es que el sentimiento de pertenecer a una nación que portando sus símbolos representativos alcanza las máximas cotas en un sector de actividad, afecta directamente a la conciencia colectiva de pertenencia a un país y lo hace positivamente.
Tal vez sea precisamente aún más importante invocar las virtudes alcanzadas para lograr esas cotas en lo que se debería ahora, pasados los festejos y las exaltaciones públicas del júbilo, lo que debería ser objeto de la adecuada mesura y razonamiento para que se convirtieran en elemento permanente de formación de esa conciencia colectiva. El esfuerzo diario, la superación de los resultados adversos, la humildad del trabajo callado y bien hecho, la confianza en las propias capacidades, el ser conscientes de la necesidad de suplir nuestras carencias potenciando las habilidades y virtudes y el compromiso leal con nuestros equipos, grupos de trabajo y en general con la sociedad a la que pertenecemos, son la clave de los éxitos que disfrutamos y de los futuros éxitos a los que se debe aspirar.
Que esfuerzo, confianza, capacidad para superar la frustración, talento, humildad y claridad en los objetivos se conviertan en elementos determinantes de la conciencia colectiva nos hará mejor país y mejor sociedad y esta demostración de resultados deportivos exitosos basados en esas cualidades debe ser aprovechado por todos para que estos acontecimientos no sean, sin más, anécdota en nuestra reciente historia.
El contenido de este número de la revista intenta responder a estos sentimientos; sentimientos que se vuelcan en cada número para intentar hacer de la misma un instrumento valioso, informativo y entretenido el cual, como siempre, abre sus puertas a todos sus lectores para que hagan sus aportaciones o nos hagan llegar sus sugerencias.
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Dicen muchos doctos en materia de “tiempos de crisis” que la única manera real y efectiva de atajarla es la proactividad. Proactividad no significa sólo tomar la iniciativa. Significa que somos responsables de nuestros actos y que esos actos deben suponer que sucedan cosas. Quizá con esa idea de actividad y responsabilidad es como un colectivo como el que representa el Cuerpo de Abogados del Estado, debe responder firmemente a los tiempos que corren. 

En épocas en los que España ha asumido por cuarta vez la Presidencia del Consejo de Ministros de la Unión Europea durante el primer semestre de 2010 con retos especialmente relevantes: como el de que ahora la Unión tiene veintisiete estados miembros, frente a doce o quince de las anteriores presidencias españolas; un nuevo marco institucional con un Parlamento Europeo recién elegido y con poderes muy reforzados y una nueva Comisión; y con un nuevo marco constitucional, con la entrada en vigor del nuevo Tratado de Lisboa, ha supuesto que muchos de nuestros compañeros se hayan trasladado de manera más o menos permanente a diversas instituciones comunitarias con la finalidad principal de que esta Presidencia sea un éxito. 

De igual modo, en tiempos en los que el anuncio de recortes salariales, congelación de pensiones, aumento de la carga impositiva, disminución en la inversión de infraestructuras o de congelación de pensiones, van a generar el inevitable debate y conflicto social, el Cuerpo de Abogados del Estado se manifestará en forma de mayor y mejor esfuerzo, mayor y mejor dedicación y nos mostraremos como ejemplo y reflejo indiscutible de la máxima diligencia con la que la inmensa mayoría de los funcionarios realizan diariamente su trabajo con la firme convicción de que el servicio público y la gestión de los intereses generales han sido y serán siempre lo principal. 

Sirvan también estas páginas para rendir homenaje a nuestro inolvidable compañero José Luis Llorente. Nadie como él supo que en tiempos nublados sólo el trabajo bien hecho trae consigo cielos despejados. Desde aquí nuestro recuerdo a él y a otros compañeros que ya nos dejaron y que nos enseñaron lo que significa ser Abogado del Estado, haya o no “crisis”.

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Lanzamos este nuevo número trimestral de la Revista de la Asociación de Abogados del Estado, trayendo a la portada a la Vicepresidenta Primera del Gobierno, Dª. María Teresa Fernández de la Vega, quien, amablemente, nos ha brindado esta entrevista. En ella, afronta diversas cuestiones de actualidad, de interés tanto en nuestro en nuestra condición de Abogados del Estado, como de ciudadanos.

 

Agradecemos sinceramente a la Sra. Vicepresidenta la rapidez y disponibilidad que ha tenido con nosotros. Sabido es que confía plenamente en los Servicios Jurídicos del Estado, defendiendo nuestra actuación y buen nombre, públicamente, en aquéllas ocasiones en que los medios de comunicación social han arremetido contra algún compañero por la correcta y puntual defensa de intereses que han sido definidos por el poder político y en los que ha podido existir cierta controversia social y política.

 

Sirva esta entrevista al fin de que esta Revista sea instrumento no sólo para darnos a conocer nosotros, sino también como medio de acercamiento a aquéllas autoridades para los que desempeñamos lealmente nuestras funciones.

 

De igual modo, queremos empezar a abrir una línea de recuerdo de compañeros que destacaron por su actividad intelectual y artística. En este caso y sin orden de prioridad establecido, hemos contado con la colaboración de familiares y amigos de José María Pérez Prat que nos han permitido ofrecer un perfil global que nos acerca a un gran escritor que además fue un gran Abogado del Estado. Sin duda, hasta ahora era la labor destacada en puestos de la Administración lo que era objeto de las reseñas y recuerdos a muchos de nuestros compañeros más ilustres, pero no podemos ni debemos dejar de destacar y poner en valor que no en pocas ocasiones Abogados del Estado han demostrado ser no sólo excelentes profesionales en sus quehaceres diarios sino que han llevado paralelamente una magnífica labor intelectual que, quizá, por la misma humildad y prudencia con la que ejercían su profesión y que aplicaban a estas otras actividades no han recibido, al menos, entre nosotros, el justo reconocimiento que merecían. Por estas razones se hace desde aquí un llamamiento para que los asociados realicen aportaciones que puedan permitir establecer una línea continua de difusión de la labor de nuestros compañeros en el campo de las artes.

 

Seguimos impulsando el Cuadernillo Jurídico. Su nivel de calidad es cada vez más elevado, lo que ha propiciado que la editorial jurídica La Ley, a través de un convenio celebrado con la Asociación, publique los que más le interesan en sus diferentes Revistas. La labor de divulgación doctrinal en un Cuerpo como el nuestro es muy apreciada y valorada en el ámbito privado. Por ello, un nuevo ruego, enviad vuestros artículos para su publicación y permitidnos elevar aún más el ya excelente nivel de nuestras “páginas salmón”.

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Número 31
enero a marzo 2011 Porque eso es lo que somos: Abogados del Estado

José de Yanguas y Messía fue Abogado del Estado y un gran experto en Derecho Internacional. Entre…

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José de Yanguas y Messía fue Abogado del Estado y un gran experto en Derecho Internacional. Entre otras cosas se encargó de la negociación del concordato de 1953 con la Iglesia Católica y para ello fue nombrado Embajador ante la Santa Sede en la época del Papa Pio XII. En una recepción papal una de las personas presentes le recordó al Santo Padre que un amigo común había fallecido recientemente y de forma inesperada. El Papa, de manera sentida dijo: “No somos nadie”. Nuestro compañero apuntilló: “Disculpe Santidad, yo soy Abogado del Estado”.

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A todos, en nuestros ámbitos profesionales, nos gustaría tener la razón absoluta de nuestro lado –si existe–; que nuestras convicciones –que siempre son las correctas–, fueran la guía de actuación de aquél a quien servimos; que nuestro cliente –siempre bueno–, fuera la víctima de atropellos inasumibles; pero el abogado es parte, asesora a su cliente, defiende o acusa a quien se entiende vulnera el derecho de aquél al que se sirve, y ese es el oficio, la dignidad y la utilidad del abogado, nada más.

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Este número de nuestra Revista es protagonizado por una de nuestras compañeras más justamente merecedora de ese aprecio. Al margen de otros posicionamientos, María Dolores de Cospedal goza del aprecio del colectivo de funcionarios al que pertenece por haber realizado y seguir desempeñando su función bajo el principio del servicio público al ciudadano, antes desde la condición de Abogada del Estado en activo y ahora como cabecera de una de las principales formaciones políticas del país. Desde aquí, por tanto, le manifestamos nuestro aprecio y nuestro agradecimiento por habernos concedido una entrevista que seguro resultará de interés para los lectores.  

Por otro lado, continuamos en la tarea de hacer de la Revista de la Asociación de Abogados del Estado un foro abierto entretenido e informativo que mire a nuestro colectivo y se extienda lo máximo posible a aquello que genéricamente podemos llamar “Administración”. Nuestro trabajo diario, el de Abogados del Estado, no se dirige hacia otros compañeros, estamos acostumbrados a que nuestra función sirva a otros y el resultado de esta labor es el espejo donde se refleja lo que somos y para lo que servimos. Es por tanto vocación también de esta querida revista servir para vernos reflejados en ella y con ese intenso sentimiento de responsabilidad sacamos cada número.  

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Decía Émile Durkheim que el conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio de los miembros de una misma sociedad forma un sistema determinado que tiene vida propia: podemos llamarlo conciencia colectiva o común. Es, pues, algo completamente distinto a las conciencias particulares aunque sólo se realice en los individuos.
Los éxitos deportivos vividos en las últimas fechas generan un estado de ánimo colectivo sin duda positivo y sin duda favorable. Este estado de ánimo positivo, derivado de la consecución de hitos deportivos, no debe significar ni debe extenderse más allá de lo que realmente implican. La consecución de un éxito se encuentra limitado en cuanto a su alcance por sus reglas y fines predeterminados. España no lo es más ni menos que antes de ganar un mundial ni lo será después de perder el siguiente; lo que sí es cierto es que el sentimiento de pertenecer a una nación que portando sus símbolos representativos alcanza las máximas cotas en un sector de actividad, afecta directamente a la conciencia colectiva de pertenencia a un país y lo hace positivamente.
Tal vez sea precisamente aún más importante invocar las virtudes alcanzadas para lograr esas cotas en lo que se debería ahora, pasados los festejos y las exaltaciones públicas del júbilo, lo que debería ser objeto de la adecuada mesura y razonamiento para que se convirtieran en elemento permanente de formación de esa conciencia colectiva. El esfuerzo diario, la superación de los resultados adversos, la humildad del trabajo callado y bien hecho, la confianza en las propias capacidades, el ser conscientes de la necesidad de suplir nuestras carencias potenciando las habilidades y virtudes y el compromiso leal con nuestros equipos, grupos de trabajo y en general con la sociedad a la que pertenecemos, son la clave de los éxitos que disfrutamos y de los futuros éxitos a los que se debe aspirar.
Que esfuerzo, confianza, capacidad para superar la frustración, talento, humildad y claridad en los objetivos se conviertan en elementos determinantes de la conciencia colectiva nos hará mejor país y mejor sociedad y esta demostración de resultados deportivos exitosos basados en esas cualidades debe ser aprovechado por todos para que estos acontecimientos no sean, sin más, anécdota en nuestra reciente historia.
El contenido de este número de la revista intenta responder a estos sentimientos; sentimientos que se vuelcan en cada número para intentar hacer de la misma un instrumento valioso, informativo y entretenido el cual, como siempre, abre sus puertas a todos sus lectores para que hagan sus aportaciones o nos hagan llegar sus sugerencias.
Es época de mejorar colectivamente.

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Dicen muchos doctos en materia de “tiempos de crisis” que la única manera real y efectiva de atajarla es la proactividad. Proactividad no significa sólo tomar la iniciativa. Significa que somos responsables de nuestros actos y que esos actos deben suponer que sucedan cosas. Quizá con esa idea de actividad y responsabilidad es como un colectivo como el que representa el Cuerpo de Abogados del Estado, debe responder firmemente a los tiempos que corren. 

En épocas en los que España ha asumido por cuarta vez la Presidencia del Consejo de Ministros de la Unión Europea durante el primer semestre de 2010 con retos especialmente relevantes: como el de que ahora la Unión tiene veintisiete estados miembros, frente a doce o quince de las anteriores presidencias españolas; un nuevo marco institucional con un Parlamento Europeo recién elegido y con poderes muy reforzados y una nueva Comisión; y con un nuevo marco constitucional, con la entrada en vigor del nuevo Tratado de Lisboa, ha supuesto que muchos de nuestros compañeros se hayan trasladado de manera más o menos permanente a diversas instituciones comunitarias con la finalidad principal de que esta Presidencia sea un éxito. 

De igual modo, en tiempos en los que el anuncio de recortes salariales, congelación de pensiones, aumento de la carga impositiva, disminución en la inversión de infraestructuras o de congelación de pensiones, van a generar el inevitable debate y conflicto social, el Cuerpo de Abogados del Estado se manifestará en forma de mayor y mejor esfuerzo, mayor y mejor dedicación y nos mostraremos como ejemplo y reflejo indiscutible de la máxima diligencia con la que la inmensa mayoría de los funcionarios realizan diariamente su trabajo con la firme convicción de que el servicio público y la gestión de los intereses generales han sido y serán siempre lo principal. 

Sirvan también estas páginas para rendir homenaje a nuestro inolvidable compañero José Luis Llorente. Nadie como él supo que en tiempos nublados sólo el trabajo bien hecho trae consigo cielos despejados. Desde aquí nuestro recuerdo a él y a otros compañeros que ya nos dejaron y que nos enseñaron lo que significa ser Abogado del Estado, haya o no “crisis”.

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Lanzamos este nuevo número trimestral de la Revista de la Asociación de Abogados del Estado, trayendo a la portada a la Vicepresidenta Primera del Gobierno, Dª. María Teresa Fernández de la Vega, quien, amablemente, nos ha brindado esta entrevista. En ella, afronta diversas cuestiones de actualidad, de interés tanto en nuestro en nuestra condición de Abogados del Estado, como de ciudadanos.

 

Agradecemos sinceramente a la Sra. Vicepresidenta la rapidez y disponibilidad que ha tenido con nosotros. Sabido es que confía plenamente en los Servicios Jurídicos del Estado, defendiendo nuestra actuación y buen nombre, públicamente, en aquéllas ocasiones en que los medios de comunicación social han arremetido contra algún compañero por la correcta y puntual defensa de intereses que han sido definidos por el poder político y en los que ha podido existir cierta controversia social y política.

 

Sirva esta entrevista al fin de que esta Revista sea instrumento no sólo para darnos a conocer nosotros, sino también como medio de acercamiento a aquéllas autoridades para los que desempeñamos lealmente nuestras funciones.

 

De igual modo, queremos empezar a abrir una línea de recuerdo de compañeros que destacaron por su actividad intelectual y artística. En este caso y sin orden de prioridad establecido, hemos contado con la colaboración de familiares y amigos de José María Pérez Prat que nos han permitido ofrecer un perfil global que nos acerca a un gran escritor que además fue un gran Abogado del Estado. Sin duda, hasta ahora era la labor destacada en puestos de la Administración lo que era objeto de las reseñas y recuerdos a muchos de nuestros compañeros más ilustres, pero no podemos ni debemos dejar de destacar y poner en valor que no en pocas ocasiones Abogados del Estado han demostrado ser no sólo excelentes profesionales en sus quehaceres diarios sino que han llevado paralelamente una magnífica labor intelectual que, quizá, por la misma humildad y prudencia con la que ejercían su profesión y que aplicaban a estas otras actividades no han recibido, al menos, entre nosotros, el justo reconocimiento que merecían. Por estas razones se hace desde aquí un llamamiento para que los asociados realicen aportaciones que puedan permitir establecer una línea continua de difusión de la labor de nuestros compañeros en el campo de las artes.

 

Seguimos impulsando el Cuadernillo Jurídico. Su nivel de calidad es cada vez más elevado, lo que ha propiciado que la editorial jurídica La Ley, a través de un convenio celebrado con la Asociación, publique los que más le interesan en sus diferentes Revistas. La labor de divulgación doctrinal en un Cuerpo como el nuestro es muy apreciada y valorada en el ámbito privado. Por ello, un nuevo ruego, enviad vuestros artículos para su publicación y permitidnos elevar aún más el ya excelente nivel de nuestras “páginas salmón”.

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Número 29
julio a septiembre 2010 Creencias, sentimientos y virtudes

Decía Émile Durkheim que el conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio…

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José de Yanguas y Messía fue Abogado del Estado y un gran experto en Derecho Internacional. Entre otras cosas se encargó de la negociación del concordato de 1953 con la Iglesia Católica y para ello fue nombrado Embajador ante la Santa Sede en la época del Papa Pio XII. En una recepción papal una de las personas presentes le recordó al Santo Padre que un amigo común había fallecido recientemente y de forma inesperada. El Papa, de manera sentida dijo: “No somos nadie”. Nuestro compañero apuntilló: “Disculpe Santidad, yo soy Abogado del Estado”.

Al margen de la anécdota, lo cierto es que es eso lo que somos, “abogados”, y en el digno ejercicio de nuestra profesión, nos regimos por nuestra norma, por la Ley de Asistencia Jurídica al Estado e Instituciones Públicas. Lo que somos y para lo que servimos es lo que nos dice la Ley emanada por los representantes del pueblo como soberano y a ella nos debemos ahora y siempre, porque eso implica hacer lo que los ciudadanos nos han encomendado.

Como dice el Código Deontológico de la C.C.B.E. (Consejo de los Colegios de Abogados de la Comunidad Europea), en una sociedad fundada en el respeto a la Justicia, el abogado tiene un papel fundamental. Su misión no se limita a ejecutar fielmente un mandato en el marco de la Ley. En un Estado de Derecho el abogado es indispensable para la Justicia y para los justiciables, pues tiene la obligación de defender los derechos y las libertades; es tanto el asesor como el defensor de su cliente. Su misión le impone deberes y obligaciones múltiples, y algunas veces, con apariencia contradictoria.

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A todos, en nuestros ámbitos profesionales, nos gustaría tener la razón absoluta de nuestro lado –si existe–; que nuestras convicciones –que siempre son las correctas–, fueran la guía de actuación de aquél a quien servimos; que nuestro cliente –siempre bueno–, fuera la víctima de atropellos inasumibles; pero el abogado es parte, asesora a su cliente, defiende o acusa a quien se entiende vulnera el derecho de aquél al que se sirve, y ese es el oficio, la dignidad y la utilidad del abogado, nada más.

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A todos, en nuestros ámbitos profesionales, nos gustaría tener la razón absoluta de nuestro lado –si existe–; que nuestras convicciones –que siempre son las correctas–, fueran la guía de actuación de aquél a quien servimos; que nuestro cliente –siempre bueno–, fuera la víctima de atropellos inasumibles; pero el abogado es parte, asesora a su cliente, defiende o acusa a quien se entiende vulnera el derecho de aquél al que se sirve, y ese es el oficio, la dignidad y la utilidad del abogado, nada más.

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Hablar de mérito en la función pública entendida en el más digno sentido de servicio público ya sea desde la posición estatutaria del empleado público o desde el ejercicio de la acción política, no es hablar de recompensa o de reconocimiento público. Desarrollar  el trabajo, la función encomendada, con rectitud, con razonable acierto y con profundo sentido de la responsabilidad, es lo que necesariamente debe ser objeto del trabajo de cualquier servidor público sin esperar por ello recompensa alguna. Ahora bien, indudablemente el servidor público que desarrolla su tarea de manera meritoria merece ser digno de aprecio y respeto.  

Este número de nuestra Revista es protagonizado por una de nuestras compañeras más justamente merecedora de ese aprecio. Al margen de otros posicionamientos, María Dolores de Cospedal goza del aprecio del colectivo de funcionarios al que pertenece por haber realizado y seguir desempeñando su función bajo el principio del servicio público al ciudadano, antes desde la condición de Abogada del Estado en activo y ahora como cabecera de una de las principales formaciones políticas del país. Desde aquí, por tanto, le manifestamos nuestro aprecio y nuestro agradecimiento por habernos concedido una entrevista que seguro resultará de interés para los lectores.  

Por otro lado, continuamos en la tarea de hacer de la Revista de la Asociación de Abogados del Estado un foro abierto entretenido e informativo que mire a nuestro colectivo y se extienda lo máximo posible a aquello que genéricamente podemos llamar “Administración”. Nuestro trabajo diario, el de Abogados del Estado, no se dirige hacia otros compañeros, estamos acostumbrados a que nuestra función sirva a otros y el resultado de esta labor es el espejo donde se refleja lo que somos y para lo que servimos. Es por tanto vocación también de esta querida revista servir para vernos reflejados en ella y con ese intenso sentimiento de responsabilidad sacamos cada número.  

Por supuesto no se busca reconocimiento alguno pero esperamos haber conseguido el aprecio de los lectores." ["fecha"]=> string(8) "10-11-22" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "926" ["imagen"]=> string(14) "1290427767.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [2]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "47" ["descripcion"]=> string(23) "julio a septiembre 2010" ["numero"]=> string(2) "29" ["pdf"]=> string(30) "Abogados del Estado 29 WEB.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(34) "Creencias, sentimientos y virtudes" ["noticia"]=> string(3014) "

Decía Émile Durkheim que el conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio de los miembros de una misma sociedad forma un sistema determinado que tiene vida propia: podemos llamarlo conciencia colectiva o común. Es, pues, algo completamente distinto a las conciencias particulares aunque sólo se realice en los individuos.
Los éxitos deportivos vividos en las últimas fechas generan un estado de ánimo colectivo sin duda positivo y sin duda favorable. Este estado de ánimo positivo, derivado de la consecución de hitos deportivos, no debe significar ni debe extenderse más allá de lo que realmente implican. La consecución de un éxito se encuentra limitado en cuanto a su alcance por sus reglas y fines predeterminados. España no lo es más ni menos que antes de ganar un mundial ni lo será después de perder el siguiente; lo que sí es cierto es que el sentimiento de pertenecer a una nación que portando sus símbolos representativos alcanza las máximas cotas en un sector de actividad, afecta directamente a la conciencia colectiva de pertenencia a un país y lo hace positivamente.
Tal vez sea precisamente aún más importante invocar las virtudes alcanzadas para lograr esas cotas en lo que se debería ahora, pasados los festejos y las exaltaciones públicas del júbilo, lo que debería ser objeto de la adecuada mesura y razonamiento para que se convirtieran en elemento permanente de formación de esa conciencia colectiva. El esfuerzo diario, la superación de los resultados adversos, la humildad del trabajo callado y bien hecho, la confianza en las propias capacidades, el ser conscientes de la necesidad de suplir nuestras carencias potenciando las habilidades y virtudes y el compromiso leal con nuestros equipos, grupos de trabajo y en general con la sociedad a la que pertenecemos, son la clave de los éxitos que disfrutamos y de los futuros éxitos a los que se debe aspirar.
Que esfuerzo, confianza, capacidad para superar la frustración, talento, humildad y claridad en los objetivos se conviertan en elementos determinantes de la conciencia colectiva nos hará mejor país y mejor sociedad y esta demostración de resultados deportivos exitosos basados en esas cualidades debe ser aprovechado por todos para que estos acontecimientos no sean, sin más, anécdota en nuestra reciente historia.
El contenido de este número de la revista intenta responder a estos sentimientos; sentimientos que se vuelcan en cada número para intentar hacer de la misma un instrumento valioso, informativo y entretenido el cual, como siempre, abre sus puertas a todos sus lectores para que hagan sus aportaciones o nos hagan llegar sus sugerencias.
Es época de mejorar colectivamente.

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Dicen muchos doctos en materia de “tiempos de crisis” que la única manera real y efectiva de atajarla es la proactividad. Proactividad no significa sólo tomar la iniciativa. Significa que somos responsables de nuestros actos y que esos actos deben suponer que sucedan cosas. Quizá con esa idea de actividad y responsabilidad es como un colectivo como el que representa el Cuerpo de Abogados del Estado, debe responder firmemente a los tiempos que corren. 

En épocas en los que España ha asumido por cuarta vez la Presidencia del Consejo de Ministros de la Unión Europea durante el primer semestre de 2010 con retos especialmente relevantes: como el de que ahora la Unión tiene veintisiete estados miembros, frente a doce o quince de las anteriores presidencias españolas; un nuevo marco institucional con un Parlamento Europeo recién elegido y con poderes muy reforzados y una nueva Comisión; y con un nuevo marco constitucional, con la entrada en vigor del nuevo Tratado de Lisboa, ha supuesto que muchos de nuestros compañeros se hayan trasladado de manera más o menos permanente a diversas instituciones comunitarias con la finalidad principal de que esta Presidencia sea un éxito. 

De igual modo, en tiempos en los que el anuncio de recortes salariales, congelación de pensiones, aumento de la carga impositiva, disminución en la inversión de infraestructuras o de congelación de pensiones, van a generar el inevitable debate y conflicto social, el Cuerpo de Abogados del Estado se manifestará en forma de mayor y mejor esfuerzo, mayor y mejor dedicación y nos mostraremos como ejemplo y reflejo indiscutible de la máxima diligencia con la que la inmensa mayoría de los funcionarios realizan diariamente su trabajo con la firme convicción de que el servicio público y la gestión de los intereses generales han sido y serán siempre lo principal. 

Sirvan también estas páginas para rendir homenaje a nuestro inolvidable compañero José Luis Llorente. Nadie como él supo que en tiempos nublados sólo el trabajo bien hecho trae consigo cielos despejados. Desde aquí nuestro recuerdo a él y a otros compañeros que ya nos dejaron y que nos enseñaron lo que significa ser Abogado del Estado, haya o no “crisis”.

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Lanzamos este nuevo número trimestral de la Revista de la Asociación de Abogados del Estado, trayendo a la portada a la Vicepresidenta Primera del Gobierno, Dª. María Teresa Fernández de la Vega, quien, amablemente, nos ha brindado esta entrevista. En ella, afronta diversas cuestiones de actualidad, de interés tanto en nuestro en nuestra condición de Abogados del Estado, como de ciudadanos.

 

Agradecemos sinceramente a la Sra. Vicepresidenta la rapidez y disponibilidad que ha tenido con nosotros. Sabido es que confía plenamente en los Servicios Jurídicos del Estado, defendiendo nuestra actuación y buen nombre, públicamente, en aquéllas ocasiones en que los medios de comunicación social han arremetido contra algún compañero por la correcta y puntual defensa de intereses que han sido definidos por el poder político y en los que ha podido existir cierta controversia social y política.

 

Sirva esta entrevista al fin de que esta Revista sea instrumento no sólo para darnos a conocer nosotros, sino también como medio de acercamiento a aquéllas autoridades para los que desempeñamos lealmente nuestras funciones.

 

De igual modo, queremos empezar a abrir una línea de recuerdo de compañeros que destacaron por su actividad intelectual y artística. En este caso y sin orden de prioridad establecido, hemos contado con la colaboración de familiares y amigos de José María Pérez Prat que nos han permitido ofrecer un perfil global que nos acerca a un gran escritor que además fue un gran Abogado del Estado. Sin duda, hasta ahora era la labor destacada en puestos de la Administración lo que era objeto de las reseñas y recuerdos a muchos de nuestros compañeros más ilustres, pero no podemos ni debemos dejar de destacar y poner en valor que no en pocas ocasiones Abogados del Estado han demostrado ser no sólo excelentes profesionales en sus quehaceres diarios sino que han llevado paralelamente una magnífica labor intelectual que, quizá, por la misma humildad y prudencia con la que ejercían su profesión y que aplicaban a estas otras actividades no han recibido, al menos, entre nosotros, el justo reconocimiento que merecían. Por estas razones se hace desde aquí un llamamiento para que los asociados realicen aportaciones que puedan permitir establecer una línea continua de difusión de la labor de nuestros compañeros en el campo de las artes.

 

Seguimos impulsando el Cuadernillo Jurídico. Su nivel de calidad es cada vez más elevado, lo que ha propiciado que la editorial jurídica La Ley, a través de un convenio celebrado con la Asociación, publique los que más le interesan en sus diferentes Revistas. La labor de divulgación doctrinal en un Cuerpo como el nuestro es muy apreciada y valorada en el ámbito privado. Por ello, un nuevo ruego, enviad vuestros artículos para su publicación y permitidnos elevar aún más el ya excelente nivel de nuestras “páginas salmón”.

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Número 27
enero a marzo 2010 Un agradecimiento y un recuerdo

Lanzamos este nuevo número trimestral de la Revista de la Asociación de Abogados del Estado,…

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Número 42


Sobre la exposición a los medios de comunicación

Estamos asistiendo en los últimos tiempos a una masiva aparición de la Abogacía del Estado en los medios de comunicación. A veces, para mal; a veces, para bien. En este mismo número de la Revista se habla de algún caso muy significativo.

 

Lo cierto es que vivimos en el mundo de la comunicación, de los medios y de la opinión pública. Y resulta imposible sustraerse del eco mediático teniendo en cuenta los asuntos de interés público en los que participamos con mayor o menor protagonismo.

 

Dentro del Cuerpo hay que quien añora épocas pasadas cuando nadie se fijaba en nosotros. Pero nuestra imagen, nuestro significado en la sociedad española, no nos es disponible, no depende de nuestra voluntad, sino de la de otros, de profesionales de la comunicación que deciden, sin pedir permiso, lo que cuentan y lo que no y cómo lo cuentan. Resulta francamente inconcebible que nuestro papel en tantas causas penales o frente al problema del independentismo catalán no sea publicado cuando el Gobierno le dice a los españoles que el asunto está “en manos de la Abogacía del Estado”. Lo que, por cierto, es garantía de solvencia en la adopción de soluciones.

 

Esconder la cabeza debajo del ala o la cabeza en un hoyo en la tierra como el avestruz no es una solución sensata a esta situación. Reconociendo que desde luego ésta es muchas veces muy incómoda.

 

A la par, los asuntos que gestionamos exigen discreción máxima. Es obligación del funcionario guardar reserva sobre los asuntos que se gestionan. Claro que la Ley también ordena a autoridades, funcionarios y profesionales de la Justicia el secreto de los sumarios bajo sanción penal y nada más que leer lo anterior es imposible no sonreír. Resulta llamativo que nadie haya sido condenado por revelar el secreto de un sumario, pero es así. El delito de descubrimiento y revelación de secretos sobre esta cuestión concreta ha sido derogado por desuetudo.

 

Además, no nos sentimos cómodos en este mundo, ante los focos, porque no es propio de nuestra condición de abogados y de la forma en la que desarrollamos nuestra profesión, de manera tranquila, silenciosa y responsable, adoptando los políticos y los gestores las decisiones y poniéndose ellos ante las cámaras. No se interviene en un pleito ni se hace un informe en un plató de televisión…

 

Cuando estás en determinados puestos, se hace inevitable el contacto con los profesionales de los medios, que te están esperando a la salida de unas declaraciones y te ruegan que compartas con ellos algo que nunca puedes decirles. Al final terminan conociendo por los abogados de la otra parte su interpretación de los hechos y lógicamente no tienen mayor interés en juzgarnos con equidad.

 

Parece indispensable que este problema se aborde por la Dirección con criterios actuales. Resulta impensable que podamos volver a realizar nuestra profesión ajenos a la publicidad. Este mismo Gobierno ha publicado leyes de transparencia que se fundan en el principio de que “el pueblo tiene derecho a saber”. ¿Estamos preparados para ello? No, no lo estamos. Es imprescindible que este despacho público de abogados considere seriamente ponerse en manos de profesionales de la comunicación que consigan que el nombre del compañero no salga a la luz pública y que pueda transmitir mensajes institucionales al margen de la actuación de este o aquel Abogado del Estado. Si no, muchos de nosotros que jugamos el partido en primera línea seguiremos en la más absoluta indefensión frente a la opinión pública, carecemos por completo de voz. Y hoy no hay nada peor.