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En este número estival de la Revista nos llena de satisfacción contar con la presencia en forma de entrevista del nuevo Ministro de Justicia. Desde la adscripción del Cuerpo de Abogados del Estado al Ministerio de Justicia, han sido ya muchos los Ministros a los que hemos servido. Cabe citar a Tocqueville y su célebre afirmación “las constituciones cambian, las administraciones permanecen”, para poder afirmar, por nuestra parte, que en todo momento los distintos titulares de esta cartera ministerial tan compleja han recibido y recibirán el servicio público leal y profesional de la asistencia jurídica, representación y defensa que debe prestar un Abogado del Estado.

El que permanezcamos pese a los cambios e inclemencias de la vida política siempre leales a nuestra función con plena dedicación y vocación de servicio no ha pasado desapercibido nunca para ninguno de nuestros Ministros de Justicia, a cuyo actual titular deseamos toda suerte de éxitos en su gestión, y así cabe desprenderse de la lectura de la interesante entrevista que ofrecen nuestras humildes páginas.

En este número también pretendemos dar cabida a alguno de nuestros compañeros que tras manifestar su máxima competencia y profesionalidad como Abogados del Estado han sido llamados a ocupar puestos de alta responsabilidad dentro de la Administración General del Estado; su visión, experiencia y sus opiniones deben servirnos como luz de guía en nuestro quehacer diario y en esta revista se deben reflejar los éxitos profesionales de los Abogados del Estado siempre que lo deseen.

Por último se destaca igualmente en este número el homenaje que en forma de
entrevista se hace a la labor heroica de los miembros el cuerpo de bomberos destinados
en el aeropuerto de Barajas en las labores de rescate en el desgraciado accidente
acontecido en el aeropuerto madrileño del que ya casi ha transcurrido un año y en el
que más de 150 personas perdieron la vida y cerca de una veintena resultaron heridas.
Hemos considerado necesario mostrar nuestro reconocimiento a estos profesionales
que impidieron que tamaña tragedia fuera aun superior y de alguna manera por medio
de esta entrevista cabe extender este reconocimiento a todos los miembros de los
diferentes cuerpos de bomberos cuya labor es especialmente complicada y arriesgada
en esta estación de verano. Desde aquí no sólo nuestro recuerdo para las víctimas y sus
familias, sino también nuestro pequeño homenaje a estos grandes héroes anónimos.

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Se trata, en definitiva, de extender en la Unión Europea y sin perjuicio de la potencial ampliación de este modelo, del concepto de la ciudadanía de la Unión no sólo a aspectos económicos o sociales sino también establecer una equiparación uniforme en la educación, en este caso, superior. La polémica levantada en este proceso en ejecución pone de manifiesto precisamente la relevancia de lo que se pretende y del hecho de que la formación universitaria marca claramente el sentido de la preparación y por tanto de la capacidad de los jóvenes de hoy para liderar nuestro mundo del mañana. Los Abogados del Estado no pueden permanecer ajenos a esa realidad, sin nuestra formación universitaria reforzada por los años de oposición no cabría pretender ejercer nuestra profesión con cotas adecuadas de excelencia y de calidad. La formación universitaria forma parte del acervo que a diario se expone y se desarrolla en el recto cumplimiento de nuestra función ya que es la semilla de cualquier trabajo profesional cualificado. Tener interés en este proceso, seguirlo y desear de los responsables públicos, cuya implantación les compete, el pleno acierto en tan difícil y polémica labor, es tarea de cualquier ciudadano con la inquietud de querer garantizar un futuro mejor y en nuestro caso, gracias a nuestra función de asesoramiento jurídico, constituye además un trabajo esencial para el éxito del proceso." ["fecha"]=> string(10) "2009-03-26" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "720" ["imagen"]=> string(14) "1256208147.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [2]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "25" ["descripcion"]=> string(24) "octubre a diciembre 2008" ["numero"]=> string(2) "23" ["pdf"]=> string(14) "revista_25.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(45) "30 años de nuestra Constitución" ["noticia"]=> string(2625) "Este número sirve para celebrar principalmente los treinta años de vigencia de la Constitución Española de 1978. Tenemos el honor de que varios “padres” de la Constitución se asomen a nuestra Revista para, con la perspectiva del tiempo, volver a mirarla con la experiencia de los años, de las décadas ya pasadas.

Pocas normas –como diría Hans Kelsen al referirse a la Constitución–, son tan unánimemente reconocidas como buenas a lo largo de los años de vigencia como nuestra Constitución. La existencia de debates sobre su interpretación, sobre su alcance o sobre su reforma no son más que la clara manifestación de que estamos ante una norma rica, viva y que sigue creciendo en su aplicación y en su desarrollo. Nuestra Constitución, la de todos, surge del éxito de la solidaridad y del deseo de democracia que como clamor era querida por todos los españoles en uno de los momentos más cruciales de nuestra historia. Recogiendo nuestra tradición constitucional y lo mejor de las Constituciones de los países de nuestro entorno, nuestra Carta Magna ha servido, sirve y servirá para conducir las reivindicaciones, deseos y anhelos individuales y colectivos de los ciudadanos en orden a definir su libertad o su igualdad bajo el amplio marco de la convivencia pacífica.

Nada puede ser más importante para un pueblo soberano como ver que su voluntad es plasmada en una norma que se erige como fuente de toda Ley y directriz de todo poder, traduciéndose en una norma al alcance de todos el acto constitucional y fundacional de un Estado. Nuestra Constitución de 1978 permite que en España haya un instrumento que nos garantice a todos los ciudadanos tener confianza en nuestro futuro, da seguridad al hecho de que necesariamente ese futuro será común y es la herramienta que confirma que nuestro destino será fruto de la manifestación de nuestra voluntad democrática.

Nada proporciona mayor satisfacción para un jurista convencido de que la democracia es el mejor de los sistemas posibles, que homenajear nuestra Constitución Española de 1978 y además, contar con el testimonio de algunos de los que fueron capaces de traducir sobre una mesa presidida por el diálogo, el sentir general de renunciar a mirar atrás y pensar en el futuro para conformar un Estado para todos que se llama España." ["fecha"]=> string(10) "2008-12-30" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "719" ["imagen"]=> string(14) "1256207996.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [3]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "24" ["descripcion"]=> string(23) "julio a septiembre 2008" ["numero"]=> string(2) "22" ["pdf"]=> string(14) "revista_24.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(16) "Tiempo de crisis" ["noticia"]=> string(2494) "Durante muchos años, los pensadores más críticos con las conclusiones de Fukuyama y su ya famosa obra El fin de la Historia y el último hombre, esperaban algún acontecimiento que desmintiese las profecías del intelectual americano. Para algunos, el ataque a las torres gemelas y la guerra global contra el terrorismo ya dejaba invalidada la teoría que había declarado muertas las ideologías. Ahora, el terremoto financiero internacional, la larga crisis anunciada, el riesgo de depresión y, en fin, las convulsiones nunca vistas en los mercados, parecen dar la razón a quienes piensan que tampoco se ha finiquitado el debate sobre el modelo económico.

Los agentes sociales, los políticos, los medios de comunicación, los círculos intelectuales, incluso los ciudadanos de a pie, tratan de descifrar, entre las toneladas de información que reciben, las claves necesarias para entender lo que está sucediendo en la economía, las medidas extraordinarias que están tomando los gobiernos, y las líneas maestras que regirán el concierto económico internacional en el futuro. Hasta el momento, sólo existe una conclusión compartida: nada será igual. Entender lo demás parece, de momento, fuera de nuestro alcance. Es muy probable que de las causas de la situación presente, y de la actuación correcta en estos casos, se siga escribiendo durante décadas, seguramente desde posiciones antagónicas. Tratar, por tanto, de teorizar sobre este asunto, es hoy en día una tarea arriesgadísima.

Sí es necesario, por lógica de supervivencia, atender a las cuestiones prácticas que la situación suscita. Es innegable que los gobiernos más poderosos del mundo están implicándose absolutamente en la resolución de la crisis. Es decir, el Estado, aunque algunos pretenden que sea de forma pasajera, está adoptando medidas
y posiciones de altísima responsabilidad en el concierto económico. Y es por tanto al Estado, al que se le van a pedir cuentas por el resultado de sus intervenciones. Este nuevo protagonismo estatal en territorios donde hace tiempo que no figuraba, (no al menos de forma tan visible), exigirá un esfuerzo común de toda la Administración. La profesionalidad, la eficacia de las nuevas tecnologías, la estructura, la capacidad de respuesta, todos los niveles del Estado se enfrentan a un examen que quizá no se pasaba desde la quiebra del Estado liberal y su transformación en el Estado social. La historia siempre continúa.
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Son varias las tareas que impulsar aunque entre ellas esta especialmente la referida a una mejor organización y funcionamiento de la gestión de los asuntos. Hay medidas que tienen un contenido eminentemente presupuestario pero hay otras que dependen mucho de la voluntad y el compromiso reforzado de quienes participan de una función tan honrosa como es hacer justicia en el ejercicio de la tutela judicial.

Sus varios los agentes que están llamados a reforzar su compromiso por este reto. Desde el Parlamento al CGPJ, por aludir a dos instituciones representativas de poderes del Estado, a otras instancias diversas como Colegios Profesionales, Asociaciones de grupos corporativos, etc.

Pero el principal, además de los ejecutivos autonómicos con competencias en la materia, ha de ser el gobierno de la nación. El Ministerio de Justicia tiene por delante un relevante reto. Para ello, debe impulsar sus propias decisiones con el respaldo de todo el gobierno. Pero, previamente a ello, debe ser receptor de cuantas sugerencias y propuestas que enfocadas por el interés general, más que por los corporativos, lleguen desde diversas instancias.

La Abogacía del Estado tiene un papel relevante que desempeñar. Con más de 130.000 asuntos judiciales vivos en los que somos parte procesal, se está en magníficas condiciones de tener una percepción clara de cómo abordar reformas en esta materia. Desde la lealtad al Estado, los profesionales que integran la Abogacía del Estado están a disposición absoluta en colaborar con el Ministerio de Justicia para que esta prioridad se convierta en una realidad.
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Número 25
julio a septiembre 2009 El Ministro de Justicia recibe a nuestra Asociación

En este número estival de la Revista nos llena de satisfacción contar con la presencia en forma…

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En este número también pretendemos dar cabida a alguno de nuestros compañeros que tras manifestar su máxima competencia y profesionalidad como Abogados del Estado han sido llamados a ocupar puestos de alta responsabilidad dentro de la Administración General del Estado; su visión, experiencia y sus opiniones deben servirnos como luz de guía en nuestro quehacer diario y en esta revista se deben reflejar los éxitos profesionales de los Abogados del Estado siempre que lo deseen.

Por último se destaca igualmente en este número el homenaje que en forma de
entrevista se hace a la labor heroica de los miembros el cuerpo de bomberos destinados
en el aeropuerto de Barajas en las labores de rescate en el desgraciado accidente
acontecido en el aeropuerto madrileño del que ya casi ha transcurrido un año y en el
que más de 150 personas perdieron la vida y cerca de una veintena resultaron heridas.
Hemos considerado necesario mostrar nuestro reconocimiento a estos profesionales
que impidieron que tamaña tragedia fuera aun superior y de alguna manera por medio
de esta entrevista cabe extender este reconocimiento a todos los miembros de los
diferentes cuerpos de bomberos cuya labor es especialmente complicada y arriesgada
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Pocas normas –como diría Hans Kelsen al referirse a la Constitución–, son tan unánimemente reconocidas como buenas a lo largo de los años de vigencia como nuestra Constitución. La existencia de debates sobre su interpretación, sobre su alcance o sobre su reforma no son más que la clara manifestación de que estamos ante una norma rica, viva y que sigue creciendo en su aplicación y en su desarrollo. Nuestra Constitución, la de todos, surge del éxito de la solidaridad y del deseo de democracia que como clamor era querida por todos los españoles en uno de los momentos más cruciales de nuestra historia. Recogiendo nuestra tradición constitucional y lo mejor de las Constituciones de los países de nuestro entorno, nuestra Carta Magna ha servido, sirve y servirá para conducir las reivindicaciones, deseos y anhelos individuales y colectivos de los ciudadanos en orden a definir su libertad o su igualdad bajo el amplio marco de la convivencia pacífica.

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Sus varios los agentes que están llamados a reforzar su compromiso por este reto. Desde el Parlamento al CGPJ, por aludir a dos instituciones representativas de poderes del Estado, a otras instancias diversas como Colegios Profesionales, Asociaciones de grupos corporativos, etc.

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Número 24
enero a marzo 2009 El EEES, una realidad inminente

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En este número también pretendemos dar cabida a alguno de nuestros compañeros que tras manifestar su máxima competencia y profesionalidad como Abogados del Estado han sido llamados a ocupar puestos de alta responsabilidad dentro de la Administración General del Estado; su visión, experiencia y sus opiniones deben servirnos como luz de guía en nuestro quehacer diario y en esta revista se deben reflejar los éxitos profesionales de los Abogados del Estado siempre que lo deseen.

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entrevista se hace a la labor heroica de los miembros el cuerpo de bomberos destinados
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que más de 150 personas perdieron la vida y cerca de una veintena resultaron heridas.
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de esta entrevista cabe extender este reconocimiento a todos los miembros de los
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Se trata, en definitiva, de extender en la Unión Europea y sin perjuicio de la potencial ampliación de este modelo, del concepto de la ciudadanía de la Unión no sólo a aspectos económicos o sociales sino también establecer una equiparación uniforme en la educación, en este caso, superior. La polémica levantada en este proceso en ejecución pone de manifiesto precisamente la relevancia de lo que se pretende y del hecho de que la formación universitaria marca claramente el sentido de la preparación y por tanto de la capacidad de los jóvenes de hoy para liderar nuestro mundo del mañana. Los Abogados del Estado no pueden permanecer ajenos a esa realidad, sin nuestra formación universitaria reforzada por los años de oposición no cabría pretender ejercer nuestra profesión con cotas adecuadas de excelencia y de calidad. La formación universitaria forma parte del acervo que a diario se expone y se desarrolla en el recto cumplimiento de nuestra función ya que es la semilla de cualquier trabajo profesional cualificado. Tener interés en este proceso, seguirlo y desear de los responsables públicos, cuya implantación les compete, el pleno acierto en tan difícil y polémica labor, es tarea de cualquier ciudadano con la inquietud de querer garantizar un futuro mejor y en nuestro caso, gracias a nuestra función de asesoramiento jurídico, constituye además un trabajo esencial para el éxito del proceso." ["fecha"]=> string(10) "2009-03-26" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "720" ["imagen"]=> string(14) "1256208147.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [2]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "25" ["descripcion"]=> string(24) "octubre a diciembre 2008" ["numero"]=> string(2) "23" ["pdf"]=> string(14) "revista_25.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(45) "30 años de nuestra Constitución" ["noticia"]=> string(2625) "Este número sirve para celebrar principalmente los treinta años de vigencia de la Constitución Española de 1978. Tenemos el honor de que varios “padres” de la Constitución se asomen a nuestra Revista para, con la perspectiva del tiempo, volver a mirarla con la experiencia de los años, de las décadas ya pasadas.

Pocas normas –como diría Hans Kelsen al referirse a la Constitución–, son tan unánimemente reconocidas como buenas a lo largo de los años de vigencia como nuestra Constitución. La existencia de debates sobre su interpretación, sobre su alcance o sobre su reforma no son más que la clara manifestación de que estamos ante una norma rica, viva y que sigue creciendo en su aplicación y en su desarrollo. Nuestra Constitución, la de todos, surge del éxito de la solidaridad y del deseo de democracia que como clamor era querida por todos los españoles en uno de los momentos más cruciales de nuestra historia. Recogiendo nuestra tradición constitucional y lo mejor de las Constituciones de los países de nuestro entorno, nuestra Carta Magna ha servido, sirve y servirá para conducir las reivindicaciones, deseos y anhelos individuales y colectivos de los ciudadanos en orden a definir su libertad o su igualdad bajo el amplio marco de la convivencia pacífica.

Nada puede ser más importante para un pueblo soberano como ver que su voluntad es plasmada en una norma que se erige como fuente de toda Ley y directriz de todo poder, traduciéndose en una norma al alcance de todos el acto constitucional y fundacional de un Estado. Nuestra Constitución de 1978 permite que en España haya un instrumento que nos garantice a todos los ciudadanos tener confianza en nuestro futuro, da seguridad al hecho de que necesariamente ese futuro será común y es la herramienta que confirma que nuestro destino será fruto de la manifestación de nuestra voluntad democrática.

Nada proporciona mayor satisfacción para un jurista convencido de que la democracia es el mejor de los sistemas posibles, que homenajear nuestra Constitución Española de 1978 y además, contar con el testimonio de algunos de los que fueron capaces de traducir sobre una mesa presidida por el diálogo, el sentir general de renunciar a mirar atrás y pensar en el futuro para conformar un Estado para todos que se llama España." ["fecha"]=> string(10) "2008-12-30" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "719" ["imagen"]=> string(14) "1256207996.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [3]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "24" ["descripcion"]=> string(23) "julio a septiembre 2008" ["numero"]=> string(2) "22" ["pdf"]=> string(14) "revista_24.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(16) "Tiempo de crisis" ["noticia"]=> string(2494) "Durante muchos años, los pensadores más críticos con las conclusiones de Fukuyama y su ya famosa obra El fin de la Historia y el último hombre, esperaban algún acontecimiento que desmintiese las profecías del intelectual americano. Para algunos, el ataque a las torres gemelas y la guerra global contra el terrorismo ya dejaba invalidada la teoría que había declarado muertas las ideologías. Ahora, el terremoto financiero internacional, la larga crisis anunciada, el riesgo de depresión y, en fin, las convulsiones nunca vistas en los mercados, parecen dar la razón a quienes piensan que tampoco se ha finiquitado el debate sobre el modelo económico.

Los agentes sociales, los políticos, los medios de comunicación, los círculos intelectuales, incluso los ciudadanos de a pie, tratan de descifrar, entre las toneladas de información que reciben, las claves necesarias para entender lo que está sucediendo en la economía, las medidas extraordinarias que están tomando los gobiernos, y las líneas maestras que regirán el concierto económico internacional en el futuro. Hasta el momento, sólo existe una conclusión compartida: nada será igual. Entender lo demás parece, de momento, fuera de nuestro alcance. Es muy probable que de las causas de la situación presente, y de la actuación correcta en estos casos, se siga escribiendo durante décadas, seguramente desde posiciones antagónicas. Tratar, por tanto, de teorizar sobre este asunto, es hoy en día una tarea arriesgadísima.

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y posiciones de altísima responsabilidad en el concierto económico. Y es por tanto al Estado, al que se le van a pedir cuentas por el resultado de sus intervenciones. Este nuevo protagonismo estatal en territorios donde hace tiempo que no figuraba, (no al menos de forma tan visible), exigirá un esfuerzo común de toda la Administración. La profesionalidad, la eficacia de las nuevas tecnologías, la estructura, la capacidad de respuesta, todos los niveles del Estado se enfrentan a un examen que quizá no se pasaba desde la quiebra del Estado liberal y su transformación en el Estado social. La historia siempre continúa.
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Son varias las tareas que impulsar aunque entre ellas esta especialmente la referida a una mejor organización y funcionamiento de la gestión de los asuntos. Hay medidas que tienen un contenido eminentemente presupuestario pero hay otras que dependen mucho de la voluntad y el compromiso reforzado de quienes participan de una función tan honrosa como es hacer justicia en el ejercicio de la tutela judicial.

Sus varios los agentes que están llamados a reforzar su compromiso por este reto. Desde el Parlamento al CGPJ, por aludir a dos instituciones representativas de poderes del Estado, a otras instancias diversas como Colegios Profesionales, Asociaciones de grupos corporativos, etc.

Pero el principal, además de los ejecutivos autonómicos con competencias en la materia, ha de ser el gobierno de la nación. El Ministerio de Justicia tiene por delante un relevante reto. Para ello, debe impulsar sus propias decisiones con el respaldo de todo el gobierno. Pero, previamente a ello, debe ser receptor de cuantas sugerencias y propuestas que enfocadas por el interés general, más que por los corporativos, lleguen desde diversas instancias.

La Abogacía del Estado tiene un papel relevante que desempeñar. Con más de 130.000 asuntos judiciales vivos en los que somos parte procesal, se está en magníficas condiciones de tener una percepción clara de cómo abordar reformas en esta materia. Desde la lealtad al Estado, los profesionales que integran la Abogacía del Estado están a disposición absoluta en colaborar con el Ministerio de Justicia para que esta prioridad se convierta en una realidad.
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Número 23
octubre a diciembre 2008 30 años de nuestra Constitución

Este número sirve para celebrar principalmente los treinta años de vigencia de la Constitución…

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En este número estival de la Revista nos llena de satisfacción contar con la presencia en forma de entrevista del nuevo Ministro de Justicia. Desde la adscripción del Cuerpo de Abogados del Estado al Ministerio de Justicia, han sido ya muchos los Ministros a los que hemos servido. Cabe citar a Tocqueville y su célebre afirmación “las constituciones cambian, las administraciones permanecen”, para poder afirmar, por nuestra parte, que en todo momento los distintos titulares de esta cartera ministerial tan compleja han recibido y recibirán el servicio público leal y profesional de la asistencia jurídica, representación y defensa que debe prestar un Abogado del Estado.

El que permanezcamos pese a los cambios e inclemencias de la vida política siempre leales a nuestra función con plena dedicación y vocación de servicio no ha pasado desapercibido nunca para ninguno de nuestros Ministros de Justicia, a cuyo actual titular deseamos toda suerte de éxitos en su gestión, y así cabe desprenderse de la lectura de la interesante entrevista que ofrecen nuestras humildes páginas.

En este número también pretendemos dar cabida a alguno de nuestros compañeros que tras manifestar su máxima competencia y profesionalidad como Abogados del Estado han sido llamados a ocupar puestos de alta responsabilidad dentro de la Administración General del Estado; su visión, experiencia y sus opiniones deben servirnos como luz de guía en nuestro quehacer diario y en esta revista se deben reflejar los éxitos profesionales de los Abogados del Estado siempre que lo deseen.

Por último se destaca igualmente en este número el homenaje que en forma de
entrevista se hace a la labor heroica de los miembros el cuerpo de bomberos destinados
en el aeropuerto de Barajas en las labores de rescate en el desgraciado accidente
acontecido en el aeropuerto madrileño del que ya casi ha transcurrido un año y en el
que más de 150 personas perdieron la vida y cerca de una veintena resultaron heridas.
Hemos considerado necesario mostrar nuestro reconocimiento a estos profesionales
que impidieron que tamaña tragedia fuera aun superior y de alguna manera por medio
de esta entrevista cabe extender este reconocimiento a todos los miembros de los
diferentes cuerpos de bomberos cuya labor es especialmente complicada y arriesgada
en esta estación de verano. Desde aquí no sólo nuestro recuerdo para las víctimas y sus
familias, sino también nuestro pequeño homenaje a estos grandes héroes anónimos.

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Número 22
julio a septiembre 2008 Tiempo de crisis

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Se trata, en definitiva, de extender en la Unión Europea y sin perjuicio de la potencial ampliación de este modelo, del concepto de la ciudadanía de la Unión no sólo a aspectos económicos o sociales sino también establecer una equiparación uniforme en la educación, en este caso, superior. La polémica levantada en este proceso en ejecución pone de manifiesto precisamente la relevancia de lo que se pretende y del hecho de que la formación universitaria marca claramente el sentido de la preparación y por tanto de la capacidad de los jóvenes de hoy para liderar nuestro mundo del mañana. Los Abogados del Estado no pueden permanecer ajenos a esa realidad, sin nuestra formación universitaria reforzada por los años de oposición no cabría pretender ejercer nuestra profesión con cotas adecuadas de excelencia y de calidad. La formación universitaria forma parte del acervo que a diario se expone y se desarrolla en el recto cumplimiento de nuestra función ya que es la semilla de cualquier trabajo profesional cualificado. Tener interés en este proceso, seguirlo y desear de los responsables públicos, cuya implantación les compete, el pleno acierto en tan difícil y polémica labor, es tarea de cualquier ciudadano con la inquietud de querer garantizar un futuro mejor y en nuestro caso, gracias a nuestra función de asesoramiento jurídico, constituye además un trabajo esencial para el éxito del proceso." ["fecha"]=> string(10) "2009-03-26" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "720" ["imagen"]=> string(14) "1256208147.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [2]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "25" ["descripcion"]=> string(24) "octubre a diciembre 2008" ["numero"]=> string(2) "23" ["pdf"]=> string(14) "revista_25.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(45) "30 años de nuestra Constitución" ["noticia"]=> string(2625) "Este número sirve para celebrar principalmente los treinta años de vigencia de la Constitución Española de 1978. Tenemos el honor de que varios “padres” de la Constitución se asomen a nuestra Revista para, con la perspectiva del tiempo, volver a mirarla con la experiencia de los años, de las décadas ya pasadas.

Pocas normas –como diría Hans Kelsen al referirse a la Constitución–, son tan unánimemente reconocidas como buenas a lo largo de los años de vigencia como nuestra Constitución. La existencia de debates sobre su interpretación, sobre su alcance o sobre su reforma no son más que la clara manifestación de que estamos ante una norma rica, viva y que sigue creciendo en su aplicación y en su desarrollo. Nuestra Constitución, la de todos, surge del éxito de la solidaridad y del deseo de democracia que como clamor era querida por todos los españoles en uno de los momentos más cruciales de nuestra historia. Recogiendo nuestra tradición constitucional y lo mejor de las Constituciones de los países de nuestro entorno, nuestra Carta Magna ha servido, sirve y servirá para conducir las reivindicaciones, deseos y anhelos individuales y colectivos de los ciudadanos en orden a definir su libertad o su igualdad bajo el amplio marco de la convivencia pacífica.

Nada puede ser más importante para un pueblo soberano como ver que su voluntad es plasmada en una norma que se erige como fuente de toda Ley y directriz de todo poder, traduciéndose en una norma al alcance de todos el acto constitucional y fundacional de un Estado. Nuestra Constitución de 1978 permite que en España haya un instrumento que nos garantice a todos los ciudadanos tener confianza en nuestro futuro, da seguridad al hecho de que necesariamente ese futuro será común y es la herramienta que confirma que nuestro destino será fruto de la manifestación de nuestra voluntad democrática.

Nada proporciona mayor satisfacción para un jurista convencido de que la democracia es el mejor de los sistemas posibles, que homenajear nuestra Constitución Española de 1978 y además, contar con el testimonio de algunos de los que fueron capaces de traducir sobre una mesa presidida por el diálogo, el sentir general de renunciar a mirar atrás y pensar en el futuro para conformar un Estado para todos que se llama España." ["fecha"]=> string(10) "2008-12-30" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "719" ["imagen"]=> string(14) "1256207996.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [3]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "24" ["descripcion"]=> string(23) "julio a septiembre 2008" ["numero"]=> string(2) "22" ["pdf"]=> string(14) "revista_24.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(16) "Tiempo de crisis" ["noticia"]=> string(2494) "Durante muchos años, los pensadores más críticos con las conclusiones de Fukuyama y su ya famosa obra El fin de la Historia y el último hombre, esperaban algún acontecimiento que desmintiese las profecías del intelectual americano. Para algunos, el ataque a las torres gemelas y la guerra global contra el terrorismo ya dejaba invalidada la teoría que había declarado muertas las ideologías. Ahora, el terremoto financiero internacional, la larga crisis anunciada, el riesgo de depresión y, en fin, las convulsiones nunca vistas en los mercados, parecen dar la razón a quienes piensan que tampoco se ha finiquitado el debate sobre el modelo económico.

Los agentes sociales, los políticos, los medios de comunicación, los círculos intelectuales, incluso los ciudadanos de a pie, tratan de descifrar, entre las toneladas de información que reciben, las claves necesarias para entender lo que está sucediendo en la economía, las medidas extraordinarias que están tomando los gobiernos, y las líneas maestras que regirán el concierto económico internacional en el futuro. Hasta el momento, sólo existe una conclusión compartida: nada será igual. Entender lo demás parece, de momento, fuera de nuestro alcance. Es muy probable que de las causas de la situación presente, y de la actuación correcta en estos casos, se siga escribiendo durante décadas, seguramente desde posiciones antagónicas. Tratar, por tanto, de teorizar sobre este asunto, es hoy en día una tarea arriesgadísima.

Sí es necesario, por lógica de supervivencia, atender a las cuestiones prácticas que la situación suscita. Es innegable que los gobiernos más poderosos del mundo están implicándose absolutamente en la resolución de la crisis. Es decir, el Estado, aunque algunos pretenden que sea de forma pasajera, está adoptando medidas
y posiciones de altísima responsabilidad en el concierto económico. Y es por tanto al Estado, al que se le van a pedir cuentas por el resultado de sus intervenciones. Este nuevo protagonismo estatal en territorios donde hace tiempo que no figuraba, (no al menos de forma tan visible), exigirá un esfuerzo común de toda la Administración. La profesionalidad, la eficacia de las nuevas tecnologías, la estructura, la capacidad de respuesta, todos los niveles del Estado se enfrentan a un examen que quizá no se pasaba desde la quiebra del Estado liberal y su transformación en el Estado social. La historia siempre continúa.
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Son varias las tareas que impulsar aunque entre ellas esta especialmente la referida a una mejor organización y funcionamiento de la gestión de los asuntos. Hay medidas que tienen un contenido eminentemente presupuestario pero hay otras que dependen mucho de la voluntad y el compromiso reforzado de quienes participan de una función tan honrosa como es hacer justicia en el ejercicio de la tutela judicial.

Sus varios los agentes que están llamados a reforzar su compromiso por este reto. Desde el Parlamento al CGPJ, por aludir a dos instituciones representativas de poderes del Estado, a otras instancias diversas como Colegios Profesionales, Asociaciones de grupos corporativos, etc.

Pero el principal, además de los ejecutivos autonómicos con competencias en la materia, ha de ser el gobierno de la nación. El Ministerio de Justicia tiene por delante un relevante reto. Para ello, debe impulsar sus propias decisiones con el respaldo de todo el gobierno. Pero, previamente a ello, debe ser receptor de cuantas sugerencias y propuestas que enfocadas por el interés general, más que por los corporativos, lleguen desde diversas instancias.

La Abogacía del Estado tiene un papel relevante que desempeñar. Con más de 130.000 asuntos judiciales vivos en los que somos parte procesal, se está en magníficas condiciones de tener una percepción clara de cómo abordar reformas en esta materia. Desde la lealtad al Estado, los profesionales que integran la Abogacía del Estado están a disposición absoluta en colaborar con el Ministerio de Justicia para que esta prioridad se convierta en una realidad.
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Número 21
abril a junio 2008 La modernización de la Justicia

La modernización de la Justicia ha de ser una de las prioridades para la legislatura recién comenzada. El gran…

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Número 42


Sobre la exposición a los medios de comunicación

Estamos asistiendo en los últimos tiempos a una masiva aparición de la Abogacía del Estado en los medios de comunicación. A veces, para mal; a veces, para bien. En este mismo número de la Revista se habla de algún caso muy significativo.

 

Lo cierto es que vivimos en el mundo de la comunicación, de los medios y de la opinión pública. Y resulta imposible sustraerse del eco mediático teniendo en cuenta los asuntos de interés público en los que participamos con mayor o menor protagonismo.

 

Dentro del Cuerpo hay que quien añora épocas pasadas cuando nadie se fijaba en nosotros. Pero nuestra imagen, nuestro significado en la sociedad española, no nos es disponible, no depende de nuestra voluntad, sino de la de otros, de profesionales de la comunicación que deciden, sin pedir permiso, lo que cuentan y lo que no y cómo lo cuentan. Resulta francamente inconcebible que nuestro papel en tantas causas penales o frente al problema del independentismo catalán no sea publicado cuando el Gobierno le dice a los españoles que el asunto está “en manos de la Abogacía del Estado”. Lo que, por cierto, es garantía de solvencia en la adopción de soluciones.

 

Esconder la cabeza debajo del ala o la cabeza en un hoyo en la tierra como el avestruz no es una solución sensata a esta situación. Reconociendo que desde luego ésta es muchas veces muy incómoda.

 

A la par, los asuntos que gestionamos exigen discreción máxima. Es obligación del funcionario guardar reserva sobre los asuntos que se gestionan. Claro que la Ley también ordena a autoridades, funcionarios y profesionales de la Justicia el secreto de los sumarios bajo sanción penal y nada más que leer lo anterior es imposible no sonreír. Resulta llamativo que nadie haya sido condenado por revelar el secreto de un sumario, pero es así. El delito de descubrimiento y revelación de secretos sobre esta cuestión concreta ha sido derogado por desuetudo.

 

Además, no nos sentimos cómodos en este mundo, ante los focos, porque no es propio de nuestra condición de abogados y de la forma en la que desarrollamos nuestra profesión, de manera tranquila, silenciosa y responsable, adoptando los políticos y los gestores las decisiones y poniéndose ellos ante las cámaras. No se interviene en un pleito ni se hace un informe en un plató de televisión…

 

Cuando estás en determinados puestos, se hace inevitable el contacto con los profesionales de los medios, que te están esperando a la salida de unas declaraciones y te ruegan que compartas con ellos algo que nunca puedes decirles. Al final terminan conociendo por los abogados de la otra parte su interpretación de los hechos y lógicamente no tienen mayor interés en juzgarnos con equidad.

 

Parece indispensable que este problema se aborde por la Dirección con criterios actuales. Resulta impensable que podamos volver a realizar nuestra profesión ajenos a la publicidad. Este mismo Gobierno ha publicado leyes de transparencia que se fundan en el principio de que “el pueblo tiene derecho a saber”. ¿Estamos preparados para ello? No, no lo estamos. Es imprescindible que este despacho público de abogados considere seriamente ponerse en manos de profesionales de la comunicación que consigan que el nombre del compañero no salga a la luz pública y que pueda transmitir mensajes institucionales al margen de la actuación de este o aquel Abogado del Estado. Si no, muchos de nosotros que jugamos el partido en primera línea seguiremos en la más absoluta indefensión frente a la opinión pública, carecemos por completo de voz. Y hoy no hay nada peor.