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Hablar de mérito en la función pública entendida en el más digno sentido de servicio público ya sea desde la posición estatutaria del empleado público o desde el ejercicio de la acción política, no es hablar de recompensa o de reconocimiento público. Desarrollar  el trabajo, la función encomendada, con rectitud, con razonable acierto y con profundo sentido de la responsabilidad, es lo que necesariamente debe ser objeto del trabajo de cualquier servidor público sin esperar por ello recompensa alguna. Ahora bien, indudablemente el servidor público que desarrolla su tarea de manera meritoria merece ser digno de aprecio y respeto.  

Este número de nuestra Revista es protagonizado por una de nuestras compañeras más justamente merecedora de ese aprecio. Al margen de otros posicionamientos, María Dolores de Cospedal goza del aprecio del colectivo de funcionarios al que pertenece por haber realizado y seguir desempeñando su función bajo el principio del servicio público al ciudadano, antes desde la condición de Abogada del Estado en activo y ahora como cabecera de una de las principales formaciones políticas del país. Desde aquí, por tanto, le manifestamos nuestro aprecio y nuestro agradecimiento por habernos concedido una entrevista que seguro resultará de interés para los lectores.  

Por otro lado, continuamos en la tarea de hacer de la Revista de la Asociación de Abogados del Estado un foro abierto entretenido e informativo que mire a nuestro colectivo y se extienda lo máximo posible a aquello que genéricamente podemos llamar “Administración”. Nuestro trabajo diario, el de Abogados del Estado, no se dirige hacia otros compañeros, estamos acostumbrados a que nuestra función sirva a otros y el resultado de esta labor es el espejo donde se refleja lo que somos y para lo que servimos. Es por tanto vocación también de esta querida revista servir para vernos reflejados en ella y con ese intenso sentimiento de responsabilidad sacamos cada número.  

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Decía Émile Durkheim que el conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio de los miembros de una misma sociedad forma un sistema determinado que tiene vida propia: podemos llamarlo conciencia colectiva o común. Es, pues, algo completamente distinto a las conciencias particulares aunque sólo se realice en los individuos.
Los éxitos deportivos vividos en las últimas fechas generan un estado de ánimo colectivo sin duda positivo y sin duda favorable. Este estado de ánimo positivo, derivado de la consecución de hitos deportivos, no debe significar ni debe extenderse más allá de lo que realmente implican. La consecución de un éxito se encuentra limitado en cuanto a su alcance por sus reglas y fines predeterminados. España no lo es más ni menos que antes de ganar un mundial ni lo será después de perder el siguiente; lo que sí es cierto es que el sentimiento de pertenecer a una nación que portando sus símbolos representativos alcanza las máximas cotas en un sector de actividad, afecta directamente a la conciencia colectiva de pertenencia a un país y lo hace positivamente.
Tal vez sea precisamente aún más importante invocar las virtudes alcanzadas para lograr esas cotas en lo que se debería ahora, pasados los festejos y las exaltaciones públicas del júbilo, lo que debería ser objeto de la adecuada mesura y razonamiento para que se convirtieran en elemento permanente de formación de esa conciencia colectiva. El esfuerzo diario, la superación de los resultados adversos, la humildad del trabajo callado y bien hecho, la confianza en las propias capacidades, el ser conscientes de la necesidad de suplir nuestras carencias potenciando las habilidades y virtudes y el compromiso leal con nuestros equipos, grupos de trabajo y en general con la sociedad a la que pertenecemos, son la clave de los éxitos que disfrutamos y de los futuros éxitos a los que se debe aspirar.
Que esfuerzo, confianza, capacidad para superar la frustración, talento, humildad y claridad en los objetivos se conviertan en elementos determinantes de la conciencia colectiva nos hará mejor país y mejor sociedad y esta demostración de resultados deportivos exitosos basados en esas cualidades debe ser aprovechado por todos para que estos acontecimientos no sean, sin más, anécdota en nuestra reciente historia.
El contenido de este número de la revista intenta responder a estos sentimientos; sentimientos que se vuelcan en cada número para intentar hacer de la misma un instrumento valioso, informativo y entretenido el cual, como siempre, abre sus puertas a todos sus lectores para que hagan sus aportaciones o nos hagan llegar sus sugerencias.
Es época de mejorar colectivamente.

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Dicen muchos doctos en materia de “tiempos de crisis” que la única manera real y efectiva de atajarla es la proactividad. Proactividad no significa sólo tomar la iniciativa. Significa que somos responsables de nuestros actos y que esos actos deben suponer que sucedan cosas. Quizá con esa idea de actividad y responsabilidad es como un colectivo como el que representa el Cuerpo de Abogados del Estado, debe responder firmemente a los tiempos que corren. 

En épocas en los que España ha asumido por cuarta vez la Presidencia del Consejo de Ministros de la Unión Europea durante el primer semestre de 2010 con retos especialmente relevantes: como el de que ahora la Unión tiene veintisiete estados miembros, frente a doce o quince de las anteriores presidencias españolas; un nuevo marco institucional con un Parlamento Europeo recién elegido y con poderes muy reforzados y una nueva Comisión; y con un nuevo marco constitucional, con la entrada en vigor del nuevo Tratado de Lisboa, ha supuesto que muchos de nuestros compañeros se hayan trasladado de manera más o menos permanente a diversas instituciones comunitarias con la finalidad principal de que esta Presidencia sea un éxito. 

De igual modo, en tiempos en los que el anuncio de recortes salariales, congelación de pensiones, aumento de la carga impositiva, disminución en la inversión de infraestructuras o de congelación de pensiones, van a generar el inevitable debate y conflicto social, el Cuerpo de Abogados del Estado se manifestará en forma de mayor y mejor esfuerzo, mayor y mejor dedicación y nos mostraremos como ejemplo y reflejo indiscutible de la máxima diligencia con la que la inmensa mayoría de los funcionarios realizan diariamente su trabajo con la firme convicción de que el servicio público y la gestión de los intereses generales han sido y serán siempre lo principal. 

Sirvan también estas páginas para rendir homenaje a nuestro inolvidable compañero José Luis Llorente. Nadie como él supo que en tiempos nublados sólo el trabajo bien hecho trae consigo cielos despejados. Desde aquí nuestro recuerdo a él y a otros compañeros que ya nos dejaron y que nos enseñaron lo que significa ser Abogado del Estado, haya o no “crisis”.

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Lanzamos este nuevo número trimestral de la Revista de la Asociación de Abogados del Estado, trayendo a la portada a la Vicepresidenta Primera del Gobierno, Dª. María Teresa Fernández de la Vega, quien, amablemente, nos ha brindado esta entrevista. En ella, afronta diversas cuestiones de actualidad, de interés tanto en nuestro en nuestra condición de Abogados del Estado, como de ciudadanos.

 

Agradecemos sinceramente a la Sra. Vicepresidenta la rapidez y disponibilidad que ha tenido con nosotros. Sabido es que confía plenamente en los Servicios Jurídicos del Estado, defendiendo nuestra actuación y buen nombre, públicamente, en aquéllas ocasiones en que los medios de comunicación social han arremetido contra algún compañero por la correcta y puntual defensa de intereses que han sido definidos por el poder político y en los que ha podido existir cierta controversia social y política.

 

Sirva esta entrevista al fin de que esta Revista sea instrumento no sólo para darnos a conocer nosotros, sino también como medio de acercamiento a aquéllas autoridades para los que desempeñamos lealmente nuestras funciones.

 

De igual modo, queremos empezar a abrir una línea de recuerdo de compañeros que destacaron por su actividad intelectual y artística. En este caso y sin orden de prioridad establecido, hemos contado con la colaboración de familiares y amigos de José María Pérez Prat que nos han permitido ofrecer un perfil global que nos acerca a un gran escritor que además fue un gran Abogado del Estado. Sin duda, hasta ahora era la labor destacada en puestos de la Administración lo que era objeto de las reseñas y recuerdos a muchos de nuestros compañeros más ilustres, pero no podemos ni debemos dejar de destacar y poner en valor que no en pocas ocasiones Abogados del Estado han demostrado ser no sólo excelentes profesionales en sus quehaceres diarios sino que han llevado paralelamente una magnífica labor intelectual que, quizá, por la misma humildad y prudencia con la que ejercían su profesión y que aplicaban a estas otras actividades no han recibido, al menos, entre nosotros, el justo reconocimiento que merecían. Por estas razones se hace desde aquí un llamamiento para que los asociados realicen aportaciones que puedan permitir establecer una línea continua de difusión de la labor de nuestros compañeros en el campo de las artes.

 

Seguimos impulsando el Cuadernillo Jurídico. Su nivel de calidad es cada vez más elevado, lo que ha propiciado que la editorial jurídica La Ley, a través de un convenio celebrado con la Asociación, publique los que más le interesan en sus diferentes Revistas. La labor de divulgación doctrinal en un Cuerpo como el nuestro es muy apreciada y valorada en el ámbito privado. Por ello, un nuevo ruego, enviad vuestros artículos para su publicación y permitidnos elevar aún más el ya excelente nivel de nuestras “páginas salmón”.

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Afrontamos el último trimestre del año envueltos en plena crisis económica, que otros llaman financiera, otros de valores e incluso de liderazgo. Lo cierto es que en épocas como la que ahora nos toca vivir, es un motivo de orgullo apreciar cómo se llama, desde muy diversos sectores, a la necesidad de una mayor profesionalidad de la Administración y de que funcionarios especialmente cualificados asuman altas responsabilidades tanto de control como de gestión.

Los Abogados del Estado tenemos la fortuna de ser herederos de una gran tradición de honradez y saber hacer como altos funcionarios de la Administración General del Estado. En épocas de aguas mansas esto suele verse traducido en la asunción de responsabilidades directivas, honor que por excepción se refuerza en tiempos convulsos como los que presenciamos.

Esta es la razón por la que se asoman a esta publicación compañeros que han asumido estas responsabilidades directivas en contextos en los que quizá la comodidad pudiera llamar a cumplir otras funciones y, sin embargo, la vocación por el mérito y el esfuerzo les obliga a aceptar tan altas responsabilidades. Además, no sólo es el Estado el que nos brinda el honor de ser llamados a ocupar estas funciones, también instituciones de la Unión Europea han valorado la capacidad, el esfuerzo y la trayectoria de nuestros ilustres compañeros, en puestos de gran relevancia dentro de la organización judicial europea; puestos que han desempeñado y desempeñan con un grado altísimo de profesionalidad e independencia. Esta tarea, unida a la de otros y en un sentido cada vez más trascedente en el plano internacional hace que también se hable del Abogado del Estado en este ámbito. La brecha que ellos abren nos obliga a convertir su experiencia personal en camino de tránsito ordinario, reconociendo el inmenso mérito que se debe a los pioneros.

Por lo demás, esta Revista continúa con la permanente vocación de que cada número tenga su interés singular mediante su plena apertura a las colaboraciones que puedan permitir hacer de la misma un foro útil, serio y entretenido no sólo para los Abogados del Estado sino para todo aquél que tenga la posibilidad de recibirla. Para ello, desde aquí, nuestro ofrecimiento a todos los lectores de sus páginas a que participen en la misma aportando sus opiniones, artículos o cualquier otra forma de colaboración. La Revista pretende ser una tribuna abierta para los Abogados del Estado y para todos aquéllos que de forma más o menos directa tenga un contacto con nuestra siempre digna profesión en el ejercicio diario de sus funciones.

Esperamos haber alcanzado este objetivo en este número.

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Número 30
octubre a diciembre 2010 De obligaciones y méritos

Hablar de mérito en la función pública entendida en el más digno sentido de servicio…

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Este número de nuestra Revista es protagonizado por una de nuestras compañeras más justamente merecedora de ese aprecio. Al margen de otros posicionamientos, María Dolores de Cospedal goza del aprecio del colectivo de funcionarios al que pertenece por haber realizado y seguir desempeñando su función bajo el principio del servicio público al ciudadano, antes desde la condición de Abogada del Estado en activo y ahora como cabecera de una de las principales formaciones políticas del país. Desde aquí, por tanto, le manifestamos nuestro aprecio y nuestro agradecimiento por habernos concedido una entrevista que seguro resultará de interés para los lectores.  

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Agradecemos sinceramente a la Sra. Vicepresidenta la rapidez y disponibilidad que ha tenido con nosotros. Sabido es que confía plenamente en los Servicios Jurídicos del Estado, defendiendo nuestra actuación y buen nombre, públicamente, en aquéllas ocasiones en que los medios de comunicación social han arremetido contra algún compañero por la correcta y puntual defensa de intereses que han sido definidos por el poder político y en los que ha podido existir cierta controversia social y política.

 

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Número 29
julio a septiembre 2010 Creencias, sentimientos y virtudes

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Tal vez sea precisamente aún más importante invocar las virtudes alcanzadas para lograr esas cotas en lo que se debería ahora, pasados los festejos y las exaltaciones públicas del júbilo, lo que debería ser objeto de la adecuada mesura y razonamiento para que se convirtieran en elemento permanente de formación de esa conciencia colectiva. El esfuerzo diario, la superación de los resultados adversos, la humildad del trabajo callado y bien hecho, la confianza en las propias capacidades, el ser conscientes de la necesidad de suplir nuestras carencias potenciando las habilidades y virtudes y el compromiso leal con nuestros equipos, grupos de trabajo y en general con la sociedad a la que pertenecemos, son la clave de los éxitos que disfrutamos y de los futuros éxitos a los que se debe aspirar.
Que esfuerzo, confianza, capacidad para superar la frustración, talento, humildad y claridad en los objetivos se conviertan en elementos determinantes de la conciencia colectiva nos hará mejor país y mejor sociedad y esta demostración de resultados deportivos exitosos basados en esas cualidades debe ser aprovechado por todos para que estos acontecimientos no sean, sin más, anécdota en nuestra reciente historia.
El contenido de este número de la revista intenta responder a estos sentimientos; sentimientos que se vuelcan en cada número para intentar hacer de la misma un instrumento valioso, informativo y entretenido el cual, como siempre, abre sus puertas a todos sus lectores para que hagan sus aportaciones o nos hagan llegar sus sugerencias.
Es época de mejorar colectivamente.

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Dicen muchos doctos en materia de “tiempos de crisis” que la única manera real y efectiva de atajarla es la proactividad. Proactividad no significa sólo tomar la iniciativa. Significa que somos responsables de nuestros actos y que esos actos deben suponer que sucedan cosas. Quizá con esa idea de actividad y responsabilidad es como un colectivo como el que representa el Cuerpo de Abogados del Estado, debe responder firmemente a los tiempos que corren. 

En épocas en los que España ha asumido por cuarta vez la Presidencia del Consejo de Ministros de la Unión Europea durante el primer semestre de 2010 con retos especialmente relevantes: como el de que ahora la Unión tiene veintisiete estados miembros, frente a doce o quince de las anteriores presidencias españolas; un nuevo marco institucional con un Parlamento Europeo recién elegido y con poderes muy reforzados y una nueva Comisión; y con un nuevo marco constitucional, con la entrada en vigor del nuevo Tratado de Lisboa, ha supuesto que muchos de nuestros compañeros se hayan trasladado de manera más o menos permanente a diversas instituciones comunitarias con la finalidad principal de que esta Presidencia sea un éxito. 

De igual modo, en tiempos en los que el anuncio de recortes salariales, congelación de pensiones, aumento de la carga impositiva, disminución en la inversión de infraestructuras o de congelación de pensiones, van a generar el inevitable debate y conflicto social, el Cuerpo de Abogados del Estado se manifestará en forma de mayor y mejor esfuerzo, mayor y mejor dedicación y nos mostraremos como ejemplo y reflejo indiscutible de la máxima diligencia con la que la inmensa mayoría de los funcionarios realizan diariamente su trabajo con la firme convicción de que el servicio público y la gestión de los intereses generales han sido y serán siempre lo principal. 

Sirvan también estas páginas para rendir homenaje a nuestro inolvidable compañero José Luis Llorente. Nadie como él supo que en tiempos nublados sólo el trabajo bien hecho trae consigo cielos despejados. Desde aquí nuestro recuerdo a él y a otros compañeros que ya nos dejaron y que nos enseñaron lo que significa ser Abogado del Estado, haya o no “crisis”.

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Agradecemos sinceramente a la Sra. Vicepresidenta la rapidez y disponibilidad que ha tenido con nosotros. Sabido es que confía plenamente en los Servicios Jurídicos del Estado, defendiendo nuestra actuación y buen nombre, públicamente, en aquéllas ocasiones en que los medios de comunicación social han arremetido contra algún compañero por la correcta y puntual defensa de intereses que han sido definidos por el poder político y en los que ha podido existir cierta controversia social y política.

 

Sirva esta entrevista al fin de que esta Revista sea instrumento no sólo para darnos a conocer nosotros, sino también como medio de acercamiento a aquéllas autoridades para los que desempeñamos lealmente nuestras funciones.

 

De igual modo, queremos empezar a abrir una línea de recuerdo de compañeros que destacaron por su actividad intelectual y artística. En este caso y sin orden de prioridad establecido, hemos contado con la colaboración de familiares y amigos de José María Pérez Prat que nos han permitido ofrecer un perfil global que nos acerca a un gran escritor que además fue un gran Abogado del Estado. Sin duda, hasta ahora era la labor destacada en puestos de la Administración lo que era objeto de las reseñas y recuerdos a muchos de nuestros compañeros más ilustres, pero no podemos ni debemos dejar de destacar y poner en valor que no en pocas ocasiones Abogados del Estado han demostrado ser no sólo excelentes profesionales en sus quehaceres diarios sino que han llevado paralelamente una magnífica labor intelectual que, quizá, por la misma humildad y prudencia con la que ejercían su profesión y que aplicaban a estas otras actividades no han recibido, al menos, entre nosotros, el justo reconocimiento que merecían. Por estas razones se hace desde aquí un llamamiento para que los asociados realicen aportaciones que puedan permitir establecer una línea continua de difusión de la labor de nuestros compañeros en el campo de las artes.

 

Seguimos impulsando el Cuadernillo Jurídico. Su nivel de calidad es cada vez más elevado, lo que ha propiciado que la editorial jurídica La Ley, a través de un convenio celebrado con la Asociación, publique los que más le interesan en sus diferentes Revistas. La labor de divulgación doctrinal en un Cuerpo como el nuestro es muy apreciada y valorada en el ámbito privado. Por ello, un nuevo ruego, enviad vuestros artículos para su publicación y permitidnos elevar aún más el ya excelente nivel de nuestras “páginas salmón”.

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Afrontamos el último trimestre del año envueltos en plena crisis económica, que otros llaman financiera, otros de valores e incluso de liderazgo. Lo cierto es que en épocas como la que ahora nos toca vivir, es un motivo de orgullo apreciar cómo se llama, desde muy diversos sectores, a la necesidad de una mayor profesionalidad de la Administración y de que funcionarios especialmente cualificados asuman altas responsabilidades tanto de control como de gestión.

Los Abogados del Estado tenemos la fortuna de ser herederos de una gran tradición de honradez y saber hacer como altos funcionarios de la Administración General del Estado. En épocas de aguas mansas esto suele verse traducido en la asunción de responsabilidades directivas, honor que por excepción se refuerza en tiempos convulsos como los que presenciamos.

Esta es la razón por la que se asoman a esta publicación compañeros que han asumido estas responsabilidades directivas en contextos en los que quizá la comodidad pudiera llamar a cumplir otras funciones y, sin embargo, la vocación por el mérito y el esfuerzo les obliga a aceptar tan altas responsabilidades. Además, no sólo es el Estado el que nos brinda el honor de ser llamados a ocupar estas funciones, también instituciones de la Unión Europea han valorado la capacidad, el esfuerzo y la trayectoria de nuestros ilustres compañeros, en puestos de gran relevancia dentro de la organización judicial europea; puestos que han desempeñado y desempeñan con un grado altísimo de profesionalidad e independencia. Esta tarea, unida a la de otros y en un sentido cada vez más trascedente en el plano internacional hace que también se hable del Abogado del Estado en este ámbito. La brecha que ellos abren nos obliga a convertir su experiencia personal en camino de tránsito ordinario, reconociendo el inmenso mérito que se debe a los pioneros.

Por lo demás, esta Revista continúa con la permanente vocación de que cada número tenga su interés singular mediante su plena apertura a las colaboraciones que puedan permitir hacer de la misma un foro útil, serio y entretenido no sólo para los Abogados del Estado sino para todo aquél que tenga la posibilidad de recibirla. Para ello, desde aquí, nuestro ofrecimiento a todos los lectores de sus páginas a que participen en la misma aportando sus opiniones, artículos o cualquier otra forma de colaboración. La Revista pretende ser una tribuna abierta para los Abogados del Estado y para todos aquéllos que de forma más o menos directa tenga un contacto con nuestra siempre digna profesión en el ejercicio diario de sus funciones.

Esperamos haber alcanzado este objetivo en este número.

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Número 28
abril a junio 2010 Tiempos de crisis

Dicen muchos doctos en materia de “tiempos de crisis” que la única manera real y efectiva…

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Hablar de mérito en la función pública entendida en el más digno sentido de servicio público ya sea desde la posición estatutaria del empleado público o desde el ejercicio de la acción política, no es hablar de recompensa o de reconocimiento público. Desarrollar  el trabajo, la función encomendada, con rectitud, con razonable acierto y con profundo sentido de la responsabilidad, es lo que necesariamente debe ser objeto del trabajo de cualquier servidor público sin esperar por ello recompensa alguna. Ahora bien, indudablemente el servidor público que desarrolla su tarea de manera meritoria merece ser digno de aprecio y respeto.  

Este número de nuestra Revista es protagonizado por una de nuestras compañeras más justamente merecedora de ese aprecio. Al margen de otros posicionamientos, María Dolores de Cospedal goza del aprecio del colectivo de funcionarios al que pertenece por haber realizado y seguir desempeñando su función bajo el principio del servicio público al ciudadano, antes desde la condición de Abogada del Estado en activo y ahora como cabecera de una de las principales formaciones políticas del país. Desde aquí, por tanto, le manifestamos nuestro aprecio y nuestro agradecimiento por habernos concedido una entrevista que seguro resultará de interés para los lectores.  

Por otro lado, continuamos en la tarea de hacer de la Revista de la Asociación de Abogados del Estado un foro abierto entretenido e informativo que mire a nuestro colectivo y se extienda lo máximo posible a aquello que genéricamente podemos llamar “Administración”. Nuestro trabajo diario, el de Abogados del Estado, no se dirige hacia otros compañeros, estamos acostumbrados a que nuestra función sirva a otros y el resultado de esta labor es el espejo donde se refleja lo que somos y para lo que servimos. Es por tanto vocación también de esta querida revista servir para vernos reflejados en ella y con ese intenso sentimiento de responsabilidad sacamos cada número.  

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Dicen muchos doctos en materia de “tiempos de crisis” que la única manera real y efectiva de atajarla es la proactividad. Proactividad no significa sólo tomar la iniciativa. Significa que somos responsables de nuestros actos y que esos actos deben suponer que sucedan cosas. Quizá con esa idea de actividad y responsabilidad es como un colectivo como el que representa el Cuerpo de Abogados del Estado, debe responder firmemente a los tiempos que corren. 

En épocas en los que España ha asumido por cuarta vez la Presidencia del Consejo de Ministros de la Unión Europea durante el primer semestre de 2010 con retos especialmente relevantes: como el de que ahora la Unión tiene veintisiete estados miembros, frente a doce o quince de las anteriores presidencias españolas; un nuevo marco institucional con un Parlamento Europeo recién elegido y con poderes muy reforzados y una nueva Comisión; y con un nuevo marco constitucional, con la entrada en vigor del nuevo Tratado de Lisboa, ha supuesto que muchos de nuestros compañeros se hayan trasladado de manera más o menos permanente a diversas instituciones comunitarias con la finalidad principal de que esta Presidencia sea un éxito. 

De igual modo, en tiempos en los que el anuncio de recortes salariales, congelación de pensiones, aumento de la carga impositiva, disminución en la inversión de infraestructuras o de congelación de pensiones, van a generar el inevitable debate y conflicto social, el Cuerpo de Abogados del Estado se manifestará en forma de mayor y mejor esfuerzo, mayor y mejor dedicación y nos mostraremos como ejemplo y reflejo indiscutible de la máxima diligencia con la que la inmensa mayoría de los funcionarios realizan diariamente su trabajo con la firme convicción de que el servicio público y la gestión de los intereses generales han sido y serán siempre lo principal. 

Sirvan también estas páginas para rendir homenaje a nuestro inolvidable compañero José Luis Llorente. Nadie como él supo que en tiempos nublados sólo el trabajo bien hecho trae consigo cielos despejados. Desde aquí nuestro recuerdo a él y a otros compañeros que ya nos dejaron y que nos enseñaron lo que significa ser Abogado del Estado, haya o no “crisis”.

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Lanzamos este nuevo número trimestral de la Revista de la Asociación de Abogados del Estado, trayendo a la portada a la Vicepresidenta Primera del Gobierno, Dª. María Teresa Fernández de la Vega, quien, amablemente, nos ha brindado esta entrevista. En ella, afronta diversas cuestiones de actualidad, de interés tanto en nuestro en nuestra condición de Abogados del Estado, como de ciudadanos.

 

Agradecemos sinceramente a la Sra. Vicepresidenta la rapidez y disponibilidad que ha tenido con nosotros. Sabido es que confía plenamente en los Servicios Jurídicos del Estado, defendiendo nuestra actuación y buen nombre, públicamente, en aquéllas ocasiones en que los medios de comunicación social han arremetido contra algún compañero por la correcta y puntual defensa de intereses que han sido definidos por el poder político y en los que ha podido existir cierta controversia social y política.

 

Sirva esta entrevista al fin de que esta Revista sea instrumento no sólo para darnos a conocer nosotros, sino también como medio de acercamiento a aquéllas autoridades para los que desempeñamos lealmente nuestras funciones.

 

De igual modo, queremos empezar a abrir una línea de recuerdo de compañeros que destacaron por su actividad intelectual y artística. En este caso y sin orden de prioridad establecido, hemos contado con la colaboración de familiares y amigos de José María Pérez Prat que nos han permitido ofrecer un perfil global que nos acerca a un gran escritor que además fue un gran Abogado del Estado. Sin duda, hasta ahora era la labor destacada en puestos de la Administración lo que era objeto de las reseñas y recuerdos a muchos de nuestros compañeros más ilustres, pero no podemos ni debemos dejar de destacar y poner en valor que no en pocas ocasiones Abogados del Estado han demostrado ser no sólo excelentes profesionales en sus quehaceres diarios sino que han llevado paralelamente una magnífica labor intelectual que, quizá, por la misma humildad y prudencia con la que ejercían su profesión y que aplicaban a estas otras actividades no han recibido, al menos, entre nosotros, el justo reconocimiento que merecían. Por estas razones se hace desde aquí un llamamiento para que los asociados realicen aportaciones que puedan permitir establecer una línea continua de difusión de la labor de nuestros compañeros en el campo de las artes.

 

Seguimos impulsando el Cuadernillo Jurídico. Su nivel de calidad es cada vez más elevado, lo que ha propiciado que la editorial jurídica La Ley, a través de un convenio celebrado con la Asociación, publique los que más le interesan en sus diferentes Revistas. La labor de divulgación doctrinal en un Cuerpo como el nuestro es muy apreciada y valorada en el ámbito privado. Por ello, un nuevo ruego, enviad vuestros artículos para su publicación y permitidnos elevar aún más el ya excelente nivel de nuestras “páginas salmón”.

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Afrontamos el último trimestre del año envueltos en plena crisis económica, que otros llaman financiera, otros de valores e incluso de liderazgo. Lo cierto es que en épocas como la que ahora nos toca vivir, es un motivo de orgullo apreciar cómo se llama, desde muy diversos sectores, a la necesidad de una mayor profesionalidad de la Administración y de que funcionarios especialmente cualificados asuman altas responsabilidades tanto de control como de gestión.

Los Abogados del Estado tenemos la fortuna de ser herederos de una gran tradición de honradez y saber hacer como altos funcionarios de la Administración General del Estado. En épocas de aguas mansas esto suele verse traducido en la asunción de responsabilidades directivas, honor que por excepción se refuerza en tiempos convulsos como los que presenciamos.

Esta es la razón por la que se asoman a esta publicación compañeros que han asumido estas responsabilidades directivas en contextos en los que quizá la comodidad pudiera llamar a cumplir otras funciones y, sin embargo, la vocación por el mérito y el esfuerzo les obliga a aceptar tan altas responsabilidades. Además, no sólo es el Estado el que nos brinda el honor de ser llamados a ocupar estas funciones, también instituciones de la Unión Europea han valorado la capacidad, el esfuerzo y la trayectoria de nuestros ilustres compañeros, en puestos de gran relevancia dentro de la organización judicial europea; puestos que han desempeñado y desempeñan con un grado altísimo de profesionalidad e independencia. Esta tarea, unida a la de otros y en un sentido cada vez más trascedente en el plano internacional hace que también se hable del Abogado del Estado en este ámbito. La brecha que ellos abren nos obliga a convertir su experiencia personal en camino de tránsito ordinario, reconociendo el inmenso mérito que se debe a los pioneros.

Por lo demás, esta Revista continúa con la permanente vocación de que cada número tenga su interés singular mediante su plena apertura a las colaboraciones que puedan permitir hacer de la misma un foro útil, serio y entretenido no sólo para los Abogados del Estado sino para todo aquél que tenga la posibilidad de recibirla. Para ello, desde aquí, nuestro ofrecimiento a todos los lectores de sus páginas a que participen en la misma aportando sus opiniones, artículos o cualquier otra forma de colaboración. La Revista pretende ser una tribuna abierta para los Abogados del Estado y para todos aquéllos que de forma más o menos directa tenga un contacto con nuestra siempre digna profesión en el ejercicio diario de sus funciones.

Esperamos haber alcanzado este objetivo en este número.

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Número 26
octubre a diciembre 2009 Abogados del Estado en responsabilidades directivas

Afrontamos el último trimestre del año envueltos en plena crisis económica, que otros…

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Número 44


No es solamente fútbol

No le faltaba razón a Albert Camus cuando razonaba “porque, después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Cualquiera que haya tenido la suerte de poder practicar un deporte, bien sabe lo certero del razonamiento de Camus. Principios básicos, como el de respetar las normas y el adversario, saber ganar y saber perder, esforzarse sin saber el resultado o tomar conciencia de que la propia pereza condena a tu equipo, se aprenden día a días gracias a este deporte. Principios todos ellos que dicho sea de paso, bien hacemos en recordar para el ejercicio diario de nuestra profesión como Abogados del Estado.

Ante la grandeza de este deporte, al que podrían asimilarse cualesquiera otros que participan de estos principios, debe exigirse a quienes lo practican un mínimo rigor en su comportamiento, dentro del terreno de juego y en sus declaraciones públicas. Son ellos quienes tienen el deber moral de hacer respetar un deporte del que tanto se puede y se debe aprender. Sin embargo, desgraciadamente, en tiempos recientes se ha perdido buena parte de ese espíritu, amplificándose sobremanera cualquier cuestión que pueda tener algo que ver con este deporte y, lo que es peor, dando verdadera carta de naturaleza a declaraciones que son ajenas a la esencia del juego, que tanto enseñó al gran Camus.

Ante este fenómeno expansivo del fútbol, solamente pueden adoptarse dos posturas. La primera, acrítica, es asumir que las cosas son así y que no merece la pena intentar explicar determinados comportamientos o situaciones. La segunda, más acorde con los valores que inspiran nuestro Cuerpo, debe ser la de contestar, sin responder, a quienes puedan atacar nuestra función empleando para ello el magnífico altavoz que les proporciona este deporte.

Desde la Asociación, entendemos que debemos seguir esta segunda línea. Cuando se pretende atacar nuestra labor, desde afirmaciones inverosímiles, debemos contestar, explicando didácticamente nuestra función y valores, que deben estar muy por encima de las manifestaciones públicas que pueda realizar quien, sin saber, quiere adoctrinar sobre algo tan serio en nuestro país como es el ejercicio de la acción penal. No se trata de responder, entrar en debates o salir de nuestro hábitat natural, que preside nuestro día a día en los tribunales de justicia o en funciones consultivas. Se trata, en suma, de aplicar una de las reglas esenciales de este deporte. Ante un ataque, hay que defenderse, respetando las reglas y sabiendo que en este caso, como debería ocurrir en posibles y futuros eventos, nuestra respuesta es necesaria para no perder nuestro partido: la defensa de la legalidad y de la honestidad de nuestra función. Asumamos todos que este partido tenemos que ganarlo y que siempre jugaremos mejor juntos que separados. No es solamente fútbol.