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Afrontamos el último trimestre del año envueltos en plena crisis económica, que otros llaman financiera, otros de valores e incluso de liderazgo. Lo cierto es que en épocas como la que ahora nos toca vivir, es un motivo de orgullo apreciar cómo se llama, desde muy diversos sectores, a la necesidad de una mayor profesionalidad de la Administración y de que funcionarios especialmente cualificados asuman altas responsabilidades tanto de control como de gestión.

Los Abogados del Estado tenemos la fortuna de ser herederos de una gran tradición de honradez y saber hacer como altos funcionarios de la Administración General del Estado. En épocas de aguas mansas esto suele verse traducido en la asunción de responsabilidades directivas, honor que por excepción se refuerza en tiempos convulsos como los que presenciamos.

Esta es la razón por la que se asoman a esta publicación compañeros que han asumido estas responsabilidades directivas en contextos en los que quizá la comodidad pudiera llamar a cumplir otras funciones y, sin embargo, la vocación por el mérito y el esfuerzo les obliga a aceptar tan altas responsabilidades. Además, no sólo es el Estado el que nos brinda el honor de ser llamados a ocupar estas funciones, también instituciones de la Unión Europea han valorado la capacidad, el esfuerzo y la trayectoria de nuestros ilustres compañeros, en puestos de gran relevancia dentro de la organización judicial europea; puestos que han desempeñado y desempeñan con un grado altísimo de profesionalidad e independencia. Esta tarea, unida a la de otros y en un sentido cada vez más trascedente en el plano internacional hace que también se hable del Abogado del Estado en este ámbito. La brecha que ellos abren nos obliga a convertir su experiencia personal en camino de tránsito ordinario, reconociendo el inmenso mérito que se debe a los pioneros.

Por lo demás, esta Revista continúa con la permanente vocación de que cada número tenga su interés singular mediante su plena apertura a las colaboraciones que puedan permitir hacer de la misma un foro útil, serio y entretenido no sólo para los Abogados del Estado sino para todo aquél que tenga la posibilidad de recibirla. Para ello, desde aquí, nuestro ofrecimiento a todos los lectores de sus páginas a que participen en la misma aportando sus opiniones, artículos o cualquier otra forma de colaboración. La Revista pretende ser una tribuna abierta para los Abogados del Estado y para todos aquéllos que de forma más o menos directa tenga un contacto con nuestra siempre digna profesión en el ejercicio diario de sus funciones.

Esperamos haber alcanzado este objetivo en este número.

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En este número estival de la Revista nos llena de satisfacción contar con la presencia en forma de entrevista del nuevo Ministro de Justicia. Desde la adscripción del Cuerpo de Abogados del Estado al Ministerio de Justicia, han sido ya muchos los Ministros a los que hemos servido. Cabe citar a Tocqueville y su célebre afirmación “las constituciones cambian, las administraciones permanecen”, para poder afirmar, por nuestra parte, que en todo momento los distintos titulares de esta cartera ministerial tan compleja han recibido y recibirán el servicio público leal y profesional de la asistencia jurídica, representación y defensa que debe prestar un Abogado del Estado.

El que permanezcamos pese a los cambios e inclemencias de la vida política siempre leales a nuestra función con plena dedicación y vocación de servicio no ha pasado desapercibido nunca para ninguno de nuestros Ministros de Justicia, a cuyo actual titular deseamos toda suerte de éxitos en su gestión, y así cabe desprenderse de la lectura de la interesante entrevista que ofrecen nuestras humildes páginas.

En este número también pretendemos dar cabida a alguno de nuestros compañeros que tras manifestar su máxima competencia y profesionalidad como Abogados del Estado han sido llamados a ocupar puestos de alta responsabilidad dentro de la Administración General del Estado; su visión, experiencia y sus opiniones deben servirnos como luz de guía en nuestro quehacer diario y en esta revista se deben reflejar los éxitos profesionales de los Abogados del Estado siempre que lo deseen.

Por último se destaca igualmente en este número el homenaje que en forma de
entrevista se hace a la labor heroica de los miembros el cuerpo de bomberos destinados
en el aeropuerto de Barajas en las labores de rescate en el desgraciado accidente
acontecido en el aeropuerto madrileño del que ya casi ha transcurrido un año y en el
que más de 150 personas perdieron la vida y cerca de una veintena resultaron heridas.
Hemos considerado necesario mostrar nuestro reconocimiento a estos profesionales
que impidieron que tamaña tragedia fuera aun superior y de alguna manera por medio
de esta entrevista cabe extender este reconocimiento a todos los miembros de los
diferentes cuerpos de bomberos cuya labor es especialmente complicada y arriesgada
en esta estación de verano. Desde aquí no sólo nuestro recuerdo para las víctimas y sus
familias, sino también nuestro pequeño homenaje a estos grandes héroes anónimos.

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Se trata, en definitiva, de extender en la Unión Europea y sin perjuicio de la potencial ampliación de este modelo, del concepto de la ciudadanía de la Unión no sólo a aspectos económicos o sociales sino también establecer una equiparación uniforme en la educación, en este caso, superior. La polémica levantada en este proceso en ejecución pone de manifiesto precisamente la relevancia de lo que se pretende y del hecho de que la formación universitaria marca claramente el sentido de la preparación y por tanto de la capacidad de los jóvenes de hoy para liderar nuestro mundo del mañana. Los Abogados del Estado no pueden permanecer ajenos a esa realidad, sin nuestra formación universitaria reforzada por los años de oposición no cabría pretender ejercer nuestra profesión con cotas adecuadas de excelencia y de calidad. La formación universitaria forma parte del acervo que a diario se expone y se desarrolla en el recto cumplimiento de nuestra función ya que es la semilla de cualquier trabajo profesional cualificado. Tener interés en este proceso, seguirlo y desear de los responsables públicos, cuya implantación les compete, el pleno acierto en tan difícil y polémica labor, es tarea de cualquier ciudadano con la inquietud de querer garantizar un futuro mejor y en nuestro caso, gracias a nuestra función de asesoramiento jurídico, constituye además un trabajo esencial para el éxito del proceso." ["fecha"]=> string(10) "2009-03-26" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "720" ["imagen"]=> string(14) "1256208147.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [3]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "25" ["descripcion"]=> string(24) "octubre a diciembre 2008" ["numero"]=> string(2) "23" ["pdf"]=> string(14) "revista_25.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(45) "30 años de nuestra Constitución" ["noticia"]=> string(2625) "Este número sirve para celebrar principalmente los treinta años de vigencia de la Constitución Española de 1978. Tenemos el honor de que varios “padres” de la Constitución se asomen a nuestra Revista para, con la perspectiva del tiempo, volver a mirarla con la experiencia de los años, de las décadas ya pasadas.

Pocas normas –como diría Hans Kelsen al referirse a la Constitución–, son tan unánimemente reconocidas como buenas a lo largo de los años de vigencia como nuestra Constitución. La existencia de debates sobre su interpretación, sobre su alcance o sobre su reforma no son más que la clara manifestación de que estamos ante una norma rica, viva y que sigue creciendo en su aplicación y en su desarrollo. Nuestra Constitución, la de todos, surge del éxito de la solidaridad y del deseo de democracia que como clamor era querida por todos los españoles en uno de los momentos más cruciales de nuestra historia. Recogiendo nuestra tradición constitucional y lo mejor de las Constituciones de los países de nuestro entorno, nuestra Carta Magna ha servido, sirve y servirá para conducir las reivindicaciones, deseos y anhelos individuales y colectivos de los ciudadanos en orden a definir su libertad o su igualdad bajo el amplio marco de la convivencia pacífica.

Nada puede ser más importante para un pueblo soberano como ver que su voluntad es plasmada en una norma que se erige como fuente de toda Ley y directriz de todo poder, traduciéndose en una norma al alcance de todos el acto constitucional y fundacional de un Estado. Nuestra Constitución de 1978 permite que en España haya un instrumento que nos garantice a todos los ciudadanos tener confianza en nuestro futuro, da seguridad al hecho de que necesariamente ese futuro será común y es la herramienta que confirma que nuestro destino será fruto de la manifestación de nuestra voluntad democrática.

Nada proporciona mayor satisfacción para un jurista convencido de que la democracia es el mejor de los sistemas posibles, que homenajear nuestra Constitución Española de 1978 y además, contar con el testimonio de algunos de los que fueron capaces de traducir sobre una mesa presidida por el diálogo, el sentir general de renunciar a mirar atrás y pensar en el futuro para conformar un Estado para todos que se llama España." ["fecha"]=> string(10) "2008-12-30" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "719" ["imagen"]=> string(14) "1256207996.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [4]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "24" ["descripcion"]=> string(23) "julio a septiembre 2008" ["numero"]=> string(2) "22" ["pdf"]=> string(14) "revista_24.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(16) "Tiempo de crisis" ["noticia"]=> string(2494) "Durante muchos años, los pensadores más críticos con las conclusiones de Fukuyama y su ya famosa obra El fin de la Historia y el último hombre, esperaban algún acontecimiento que desmintiese las profecías del intelectual americano. Para algunos, el ataque a las torres gemelas y la guerra global contra el terrorismo ya dejaba invalidada la teoría que había declarado muertas las ideologías. Ahora, el terremoto financiero internacional, la larga crisis anunciada, el riesgo de depresión y, en fin, las convulsiones nunca vistas en los mercados, parecen dar la razón a quienes piensan que tampoco se ha finiquitado el debate sobre el modelo económico.

Los agentes sociales, los políticos, los medios de comunicación, los círculos intelectuales, incluso los ciudadanos de a pie, tratan de descifrar, entre las toneladas de información que reciben, las claves necesarias para entender lo que está sucediendo en la economía, las medidas extraordinarias que están tomando los gobiernos, y las líneas maestras que regirán el concierto económico internacional en el futuro. Hasta el momento, sólo existe una conclusión compartida: nada será igual. Entender lo demás parece, de momento, fuera de nuestro alcance. Es muy probable que de las causas de la situación presente, y de la actuación correcta en estos casos, se siga escribiendo durante décadas, seguramente desde posiciones antagónicas. Tratar, por tanto, de teorizar sobre este asunto, es hoy en día una tarea arriesgadísima.

Sí es necesario, por lógica de supervivencia, atender a las cuestiones prácticas que la situación suscita. Es innegable que los gobiernos más poderosos del mundo están implicándose absolutamente en la resolución de la crisis. Es decir, el Estado, aunque algunos pretenden que sea de forma pasajera, está adoptando medidas
y posiciones de altísima responsabilidad en el concierto económico. Y es por tanto al Estado, al que se le van a pedir cuentas por el resultado de sus intervenciones. Este nuevo protagonismo estatal en territorios donde hace tiempo que no figuraba, (no al menos de forma tan visible), exigirá un esfuerzo común de toda la Administración. La profesionalidad, la eficacia de las nuevas tecnologías, la estructura, la capacidad de respuesta, todos los niveles del Estado se enfrentan a un examen que quizá no se pasaba desde la quiebra del Estado liberal y su transformación en el Estado social. La historia siempre continúa.
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Número 26
octubre a diciembre 2009 Abogados del Estado en responsabilidades directivas

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Los Abogados del Estado tenemos la fortuna de ser herederos de una gran tradición de honradez y saber hacer como altos funcionarios de la Administración General del Estado. En épocas de aguas mansas esto suele verse traducido en la asunción de responsabilidades directivas, honor que por excepción se refuerza en tiempos convulsos como los que presenciamos.

Esta es la razón por la que se asoman a esta publicación compañeros que han asumido estas responsabilidades directivas en contextos en los que quizá la comodidad pudiera llamar a cumplir otras funciones y, sin embargo, la vocación por el mérito y el esfuerzo les obliga a aceptar tan altas responsabilidades. Además, no sólo es el Estado el que nos brinda el honor de ser llamados a ocupar estas funciones, también instituciones de la Unión Europea han valorado la capacidad, el esfuerzo y la trayectoria de nuestros ilustres compañeros, en puestos de gran relevancia dentro de la organización judicial europea; puestos que han desempeñado y desempeñan con un grado altísimo de profesionalidad e independencia. Esta tarea, unida a la de otros y en un sentido cada vez más trascedente en el plano internacional hace que también se hable del Abogado del Estado en este ámbito. La brecha que ellos abren nos obliga a convertir su experiencia personal en camino de tránsito ordinario, reconociendo el inmenso mérito que se debe a los pioneros.

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Número 25
julio a septiembre 2009 El Ministro de Justicia recibe a nuestra Asociación

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El que permanezcamos pese a los cambios e inclemencias de la vida política siempre leales a nuestra función con plena dedicación y vocación de servicio no ha pasado desapercibido nunca para ninguno de nuestros Ministros de Justicia, a cuyo actual titular deseamos toda suerte de éxitos en su gestión, y así cabe desprenderse de la lectura de la interesante entrevista que ofrecen nuestras humildes páginas.

En este número también pretendemos dar cabida a alguno de nuestros compañeros que tras manifestar su máxima competencia y profesionalidad como Abogados del Estado han sido llamados a ocupar puestos de alta responsabilidad dentro de la Administración General del Estado; su visión, experiencia y sus opiniones deben servirnos como luz de guía en nuestro quehacer diario y en esta revista se deben reflejar los éxitos profesionales de los Abogados del Estado siempre que lo deseen.

Por último se destaca igualmente en este número el homenaje que en forma de
entrevista se hace a la labor heroica de los miembros el cuerpo de bomberos destinados
en el aeropuerto de Barajas en las labores de rescate en el desgraciado accidente
acontecido en el aeropuerto madrileño del que ya casi ha transcurrido un año y en el
que más de 150 personas perdieron la vida y cerca de una veintena resultaron heridas.
Hemos considerado necesario mostrar nuestro reconocimiento a estos profesionales
que impidieron que tamaña tragedia fuera aun superior y de alguna manera por medio
de esta entrevista cabe extender este reconocimiento a todos los miembros de los
diferentes cuerpos de bomberos cuya labor es especialmente complicada y arriesgada
en esta estación de verano. Desde aquí no sólo nuestro recuerdo para las víctimas y sus
familias, sino también nuestro pequeño homenaje a estos grandes héroes anónimos.

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Se trata, en definitiva, de extender en la Unión Europea y sin perjuicio de la potencial ampliación de este modelo, del concepto de la ciudadanía de la Unión no sólo a aspectos económicos o sociales sino también establecer una equiparación uniforme en la educación, en este caso, superior. La polémica levantada en este proceso en ejecución pone de manifiesto precisamente la relevancia de lo que se pretende y del hecho de que la formación universitaria marca claramente el sentido de la preparación y por tanto de la capacidad de los jóvenes de hoy para liderar nuestro mundo del mañana. Los Abogados del Estado no pueden permanecer ajenos a esa realidad, sin nuestra formación universitaria reforzada por los años de oposición no cabría pretender ejercer nuestra profesión con cotas adecuadas de excelencia y de calidad. La formación universitaria forma parte del acervo que a diario se expone y se desarrolla en el recto cumplimiento de nuestra función ya que es la semilla de cualquier trabajo profesional cualificado. Tener interés en este proceso, seguirlo y desear de los responsables públicos, cuya implantación les compete, el pleno acierto en tan difícil y polémica labor, es tarea de cualquier ciudadano con la inquietud de querer garantizar un futuro mejor y en nuestro caso, gracias a nuestra función de asesoramiento jurídico, constituye además un trabajo esencial para el éxito del proceso." ["fecha"]=> string(10) "2009-03-26" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "720" ["imagen"]=> string(14) "1256208147.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [3]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "25" ["descripcion"]=> string(24) "octubre a diciembre 2008" ["numero"]=> string(2) "23" ["pdf"]=> string(14) "revista_25.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(45) "30 años de nuestra Constitución" ["noticia"]=> string(2625) "Este número sirve para celebrar principalmente los treinta años de vigencia de la Constitución Española de 1978. Tenemos el honor de que varios “padres” de la Constitución se asomen a nuestra Revista para, con la perspectiva del tiempo, volver a mirarla con la experiencia de los años, de las décadas ya pasadas.

Pocas normas –como diría Hans Kelsen al referirse a la Constitución–, son tan unánimemente reconocidas como buenas a lo largo de los años de vigencia como nuestra Constitución. La existencia de debates sobre su interpretación, sobre su alcance o sobre su reforma no son más que la clara manifestación de que estamos ante una norma rica, viva y que sigue creciendo en su aplicación y en su desarrollo. Nuestra Constitución, la de todos, surge del éxito de la solidaridad y del deseo de democracia que como clamor era querida por todos los españoles en uno de los momentos más cruciales de nuestra historia. Recogiendo nuestra tradición constitucional y lo mejor de las Constituciones de los países de nuestro entorno, nuestra Carta Magna ha servido, sirve y servirá para conducir las reivindicaciones, deseos y anhelos individuales y colectivos de los ciudadanos en orden a definir su libertad o su igualdad bajo el amplio marco de la convivencia pacífica.

Nada puede ser más importante para un pueblo soberano como ver que su voluntad es plasmada en una norma que se erige como fuente de toda Ley y directriz de todo poder, traduciéndose en una norma al alcance de todos el acto constitucional y fundacional de un Estado. Nuestra Constitución de 1978 permite que en España haya un instrumento que nos garantice a todos los ciudadanos tener confianza en nuestro futuro, da seguridad al hecho de que necesariamente ese futuro será común y es la herramienta que confirma que nuestro destino será fruto de la manifestación de nuestra voluntad democrática.

Nada proporciona mayor satisfacción para un jurista convencido de que la democracia es el mejor de los sistemas posibles, que homenajear nuestra Constitución Española de 1978 y además, contar con el testimonio de algunos de los que fueron capaces de traducir sobre una mesa presidida por el diálogo, el sentir general de renunciar a mirar atrás y pensar en el futuro para conformar un Estado para todos que se llama España." ["fecha"]=> string(10) "2008-12-30" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "719" ["imagen"]=> string(14) "1256207996.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [4]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "24" ["descripcion"]=> string(23) "julio a septiembre 2008" ["numero"]=> string(2) "22" ["pdf"]=> string(14) "revista_24.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(16) "Tiempo de crisis" ["noticia"]=> string(2494) "Durante muchos años, los pensadores más críticos con las conclusiones de Fukuyama y su ya famosa obra El fin de la Historia y el último hombre, esperaban algún acontecimiento que desmintiese las profecías del intelectual americano. Para algunos, el ataque a las torres gemelas y la guerra global contra el terrorismo ya dejaba invalidada la teoría que había declarado muertas las ideologías. Ahora, el terremoto financiero internacional, la larga crisis anunciada, el riesgo de depresión y, en fin, las convulsiones nunca vistas en los mercados, parecen dar la razón a quienes piensan que tampoco se ha finiquitado el debate sobre el modelo económico.

Los agentes sociales, los políticos, los medios de comunicación, los círculos intelectuales, incluso los ciudadanos de a pie, tratan de descifrar, entre las toneladas de información que reciben, las claves necesarias para entender lo que está sucediendo en la economía, las medidas extraordinarias que están tomando los gobiernos, y las líneas maestras que regirán el concierto económico internacional en el futuro. Hasta el momento, sólo existe una conclusión compartida: nada será igual. Entender lo demás parece, de momento, fuera de nuestro alcance. Es muy probable que de las causas de la situación presente, y de la actuación correcta en estos casos, se siga escribiendo durante décadas, seguramente desde posiciones antagónicas. Tratar, por tanto, de teorizar sobre este asunto, es hoy en día una tarea arriesgadísima.

Sí es necesario, por lógica de supervivencia, atender a las cuestiones prácticas que la situación suscita. Es innegable que los gobiernos más poderosos del mundo están implicándose absolutamente en la resolución de la crisis. Es decir, el Estado, aunque algunos pretenden que sea de forma pasajera, está adoptando medidas
y posiciones de altísima responsabilidad en el concierto económico. Y es por tanto al Estado, al que se le van a pedir cuentas por el resultado de sus intervenciones. Este nuevo protagonismo estatal en territorios donde hace tiempo que no figuraba, (no al menos de forma tan visible), exigirá un esfuerzo común de toda la Administración. La profesionalidad, la eficacia de las nuevas tecnologías, la estructura, la capacidad de respuesta, todos los niveles del Estado se enfrentan a un examen que quizá no se pasaba desde la quiebra del Estado liberal y su transformación en el Estado social. La historia siempre continúa.
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Número 24
enero a marzo 2009 El EEES, una realidad inminente

Se asoma a estas humildes páginas presidiéndolas y en plena actualidad tras la reestructuración…

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Afrontamos el último trimestre del año envueltos en plena crisis económica, que otros llaman financiera, otros de valores e incluso de liderazgo. Lo cierto es que en épocas como la que ahora nos toca vivir, es un motivo de orgullo apreciar cómo se llama, desde muy diversos sectores, a la necesidad de una mayor profesionalidad de la Administración y de que funcionarios especialmente cualificados asuman altas responsabilidades tanto de control como de gestión.

Los Abogados del Estado tenemos la fortuna de ser herederos de una gran tradición de honradez y saber hacer como altos funcionarios de la Administración General del Estado. En épocas de aguas mansas esto suele verse traducido en la asunción de responsabilidades directivas, honor que por excepción se refuerza en tiempos convulsos como los que presenciamos.

Esta es la razón por la que se asoman a esta publicación compañeros que han asumido estas responsabilidades directivas en contextos en los que quizá la comodidad pudiera llamar a cumplir otras funciones y, sin embargo, la vocación por el mérito y el esfuerzo les obliga a aceptar tan altas responsabilidades. Además, no sólo es el Estado el que nos brinda el honor de ser llamados a ocupar estas funciones, también instituciones de la Unión Europea han valorado la capacidad, el esfuerzo y la trayectoria de nuestros ilustres compañeros, en puestos de gran relevancia dentro de la organización judicial europea; puestos que han desempeñado y desempeñan con un grado altísimo de profesionalidad e independencia. Esta tarea, unida a la de otros y en un sentido cada vez más trascedente en el plano internacional hace que también se hable del Abogado del Estado en este ámbito. La brecha que ellos abren nos obliga a convertir su experiencia personal en camino de tránsito ordinario, reconociendo el inmenso mérito que se debe a los pioneros.

Por lo demás, esta Revista continúa con la permanente vocación de que cada número tenga su interés singular mediante su plena apertura a las colaboraciones que puedan permitir hacer de la misma un foro útil, serio y entretenido no sólo para los Abogados del Estado sino para todo aquél que tenga la posibilidad de recibirla. Para ello, desde aquí, nuestro ofrecimiento a todos los lectores de sus páginas a que participen en la misma aportando sus opiniones, artículos o cualquier otra forma de colaboración. La Revista pretende ser una tribuna abierta para los Abogados del Estado y para todos aquéllos que de forma más o menos directa tenga un contacto con nuestra siempre digna profesión en el ejercicio diario de sus funciones.

Esperamos haber alcanzado este objetivo en este número.

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Número 23
octubre a diciembre 2008 30 años de nuestra Constitución

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Esta es la razón por la que se asoman a esta publicación compañeros que han asumido estas responsabilidades directivas en contextos en los que quizá la comodidad pudiera llamar a cumplir otras funciones y, sin embargo, la vocación por el mérito y el esfuerzo les obliga a aceptar tan altas responsabilidades. Además, no sólo es el Estado el que nos brinda el honor de ser llamados a ocupar estas funciones, también instituciones de la Unión Europea han valorado la capacidad, el esfuerzo y la trayectoria de nuestros ilustres compañeros, en puestos de gran relevancia dentro de la organización judicial europea; puestos que han desempeñado y desempeñan con un grado altísimo de profesionalidad e independencia. Esta tarea, unida a la de otros y en un sentido cada vez más trascedente en el plano internacional hace que también se hable del Abogado del Estado en este ámbito. La brecha que ellos abren nos obliga a convertir su experiencia personal en camino de tránsito ordinario, reconociendo el inmenso mérito que se debe a los pioneros.

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En este número también pretendemos dar cabida a alguno de nuestros compañeros que tras manifestar su máxima competencia y profesionalidad como Abogados del Estado han sido llamados a ocupar puestos de alta responsabilidad dentro de la Administración General del Estado; su visión, experiencia y sus opiniones deben servirnos como luz de guía en nuestro quehacer diario y en esta revista se deben reflejar los éxitos profesionales de los Abogados del Estado siempre que lo deseen.

Por último se destaca igualmente en este número el homenaje que en forma de
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Hemos considerado necesario mostrar nuestro reconocimiento a estos profesionales
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Se asoma a estas humildes páginas presidiéndolas y en plena actualidad tras la reestructuración del Gobierno, el denominado proceso de Bolonia y además de la mano del Secretario de Estado de Universidades. Este denominado “proceso” en realidad es la consecuencia de la necesidad de implantar en España, de la misma forma que en el resto de Europa, de las decisiones adoptadas en la Declaración de Bolonia de 19 de junio de 1999 suscrito por los Ministros de Educación de la Unión Europea la cual, tiene su antecedente en la declaración realizada el 25 de Mayo de 1998 en la Sorbona, en la que ya se hacía hincapié en el papel central de las Universidades en el desarrollo de las dimensiones culturales Europeas. Con la Declaración de Bolonia se da un paso más, se pretende la creación del Espacio Europeo de Educación Superior y promocionar el sistema Europeo de enseñanza superior en todo el mundo. Se pretende, nada más ni nada menos, que la adopción de un sistema fácilmente legible y comparable de titulaciones; promocionar la movilidad de los estudiantes, profesores, investigadores y personal de administración y servicios; y, promocionar la cooperación europea para garantizar la calidad de la educación superior de dimensión europea.
Se trata, en definitiva, de extender en la Unión Europea y sin perjuicio de la potencial ampliación de este modelo, del concepto de la ciudadanía de la Unión no sólo a aspectos económicos o sociales sino también establecer una equiparación uniforme en la educación, en este caso, superior. La polémica levantada en este proceso en ejecución pone de manifiesto precisamente la relevancia de lo que se pretende y del hecho de que la formación universitaria marca claramente el sentido de la preparación y por tanto de la capacidad de los jóvenes de hoy para liderar nuestro mundo del mañana. Los Abogados del Estado no pueden permanecer ajenos a esa realidad, sin nuestra formación universitaria reforzada por los años de oposición no cabría pretender ejercer nuestra profesión con cotas adecuadas de excelencia y de calidad. La formación universitaria forma parte del acervo que a diario se expone y se desarrolla en el recto cumplimiento de nuestra función ya que es la semilla de cualquier trabajo profesional cualificado. Tener interés en este proceso, seguirlo y desear de los responsables públicos, cuya implantación les compete, el pleno acierto en tan difícil y polémica labor, es tarea de cualquier ciudadano con la inquietud de querer garantizar un futuro mejor y en nuestro caso, gracias a nuestra función de asesoramiento jurídico, constituye además un trabajo esencial para el éxito del proceso." ["fecha"]=> string(10) "2009-03-26" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "720" ["imagen"]=> string(14) "1256208147.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [3]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "25" ["descripcion"]=> string(24) "octubre a diciembre 2008" ["numero"]=> string(2) "23" ["pdf"]=> string(14) "revista_25.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(45) "30 años de nuestra Constitución" ["noticia"]=> string(2625) "Este número sirve para celebrar principalmente los treinta años de vigencia de la Constitución Española de 1978. Tenemos el honor de que varios “padres” de la Constitución se asomen a nuestra Revista para, con la perspectiva del tiempo, volver a mirarla con la experiencia de los años, de las décadas ya pasadas.

Pocas normas –como diría Hans Kelsen al referirse a la Constitución–, son tan unánimemente reconocidas como buenas a lo largo de los años de vigencia como nuestra Constitución. La existencia de debates sobre su interpretación, sobre su alcance o sobre su reforma no son más que la clara manifestación de que estamos ante una norma rica, viva y que sigue creciendo en su aplicación y en su desarrollo. Nuestra Constitución, la de todos, surge del éxito de la solidaridad y del deseo de democracia que como clamor era querida por todos los españoles en uno de los momentos más cruciales de nuestra historia. Recogiendo nuestra tradición constitucional y lo mejor de las Constituciones de los países de nuestro entorno, nuestra Carta Magna ha servido, sirve y servirá para conducir las reivindicaciones, deseos y anhelos individuales y colectivos de los ciudadanos en orden a definir su libertad o su igualdad bajo el amplio marco de la convivencia pacífica.

Nada puede ser más importante para un pueblo soberano como ver que su voluntad es plasmada en una norma que se erige como fuente de toda Ley y directriz de todo poder, traduciéndose en una norma al alcance de todos el acto constitucional y fundacional de un Estado. Nuestra Constitución de 1978 permite que en España haya un instrumento que nos garantice a todos los ciudadanos tener confianza en nuestro futuro, da seguridad al hecho de que necesariamente ese futuro será común y es la herramienta que confirma que nuestro destino será fruto de la manifestación de nuestra voluntad democrática.

Nada proporciona mayor satisfacción para un jurista convencido de que la democracia es el mejor de los sistemas posibles, que homenajear nuestra Constitución Española de 1978 y además, contar con el testimonio de algunos de los que fueron capaces de traducir sobre una mesa presidida por el diálogo, el sentir general de renunciar a mirar atrás y pensar en el futuro para conformar un Estado para todos que se llama España." ["fecha"]=> string(10) "2008-12-30" ["categoria"]=> string(9) "editorial" ["id_imagen"]=> string(3) "719" ["imagen"]=> string(14) "1256207996.jpg" ["ancho"]=> NULL ["alto"]=> NULL ["id_apartado"]=> NULL } [4]=> array(15) { ["id_revista"]=> string(2) "24" ["descripcion"]=> string(23) "julio a septiembre 2008" ["numero"]=> string(2) "22" ["pdf"]=> string(14) "revista_24.pdf" ["id_noticia"]=> NULL ["id_informacion"]=> NULL ["titular"]=> string(16) "Tiempo de crisis" ["noticia"]=> string(2494) "Durante muchos años, los pensadores más críticos con las conclusiones de Fukuyama y su ya famosa obra El fin de la Historia y el último hombre, esperaban algún acontecimiento que desmintiese las profecías del intelectual americano. Para algunos, el ataque a las torres gemelas y la guerra global contra el terrorismo ya dejaba invalidada la teoría que había declarado muertas las ideologías. Ahora, el terremoto financiero internacional, la larga crisis anunciada, el riesgo de depresión y, en fin, las convulsiones nunca vistas en los mercados, parecen dar la razón a quienes piensan que tampoco se ha finiquitado el debate sobre el modelo económico.

Los agentes sociales, los políticos, los medios de comunicación, los círculos intelectuales, incluso los ciudadanos de a pie, tratan de descifrar, entre las toneladas de información que reciben, las claves necesarias para entender lo que está sucediendo en la economía, las medidas extraordinarias que están tomando los gobiernos, y las líneas maestras que regirán el concierto económico internacional en el futuro. Hasta el momento, sólo existe una conclusión compartida: nada será igual. Entender lo demás parece, de momento, fuera de nuestro alcance. Es muy probable que de las causas de la situación presente, y de la actuación correcta en estos casos, se siga escribiendo durante décadas, seguramente desde posiciones antagónicas. Tratar, por tanto, de teorizar sobre este asunto, es hoy en día una tarea arriesgadísima.

Sí es necesario, por lógica de supervivencia, atender a las cuestiones prácticas que la situación suscita. Es innegable que los gobiernos más poderosos del mundo están implicándose absolutamente en la resolución de la crisis. Es decir, el Estado, aunque algunos pretenden que sea de forma pasajera, está adoptando medidas
y posiciones de altísima responsabilidad en el concierto económico. Y es por tanto al Estado, al que se le van a pedir cuentas por el resultado de sus intervenciones. Este nuevo protagonismo estatal en territorios donde hace tiempo que no figuraba, (no al menos de forma tan visible), exigirá un esfuerzo común de toda la Administración. La profesionalidad, la eficacia de las nuevas tecnologías, la estructura, la capacidad de respuesta, todos los niveles del Estado se enfrentan a un examen que quizá no se pasaba desde la quiebra del Estado liberal y su transformación en el Estado social. La historia siempre continúa.
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Número 22
julio a septiembre 2008 Tiempo de crisis

Durante muchos años, los pensadores más críticos con las conclusiones de Fukuyama y su ya famosa obra El fin de…

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Número 45


El imperio de la Ley

Suelen caracterizarse los períodos estivales y postvacacionales por una suerte de ausencia de noticias que hace que, en múltiples ocasiones, sea necesario acudir a tópicos tan manidos como la canción del verano para poder completar los informativos diarios o los periódicos. Durante el pasado verano, quizá fruto de esta ausencia de noticias, quizá fruto de una corriente instalada en nuestra sociedad que quiere hacer prevalecer el criterio personal sobre la legalidad, ha ocupado buena parte de dichos espacios informativos la problemática de una madre granadina que se negaba a entregar a sus hijos menores de edad a su progenitor con residencia en Italia. Sin centrarnos en el problema jurídico planteado en dicho caso concreto, del análisis del mismo llaman profundamente la atención los mensajes aparentemente aprobatorios de la conducta de quien ha situado por encima del principio de legalidad su interpretación de los hechos y su visión personal de una controversia que había sido resuelta mediante sentencia judicial firme.

Se ha llegado incluso a sostener en determinados ámbitos que es “lícito” no cumplir las resoluciones judiciales cuando se consideran injustas. He ahí el problema. No existe un “medidor” que objetivamente permita distinguir lo justo de lo injusto, siendo el principio de legalidad y el respeto a las resoluciones judiciales la fórmula a seguir cuando, ante intereses en conflicto, existen posiciones contrapuestas. Desde nuestra creación como Cuerpo, los Abogados del Estado hemos defendido y defendemos la plena vigencia de un principio básico: el pleno respeto al imperio de la ley y a las resoluciones judiciales emanadas del Poder Judicial. Tanto en sede contenciosa como en el ámbito consultivo, por más que existan opiniones que sostienen lo contrario, nuestras actuaciones se rigen por el profundo respeto a la ley y a nuestro ordenamiento jurídico. No puede sustituirse este principio esencial del Estado de Derecho por una suerte de valor superior y vinculante de principios o criterios ajenos a la legalidad. Hemos asistido a una cierta aprobación colectiva de la desobediencia judicial, lo que es una pésima noticia para el Estado de Derecho que defendemos.

Precisamente esa desobediencia a leyes y resoluciones judiciales es la que nos ha despertado día a día durante el mes de septiembre. Cuando se comienza por defender la desobediencia judicial a una resolución concreta, como el caso comentado, se termina por cuestionar, nada menos, que al supremo intérprete de nuestra Constitución, como está ocurriendo en Cataluña. Nuestra Asociación no puede apoyar dichas reivindicaciones paralegales; antes bien, quiere mostrar nuestro absoluto respaldo al imperio de la ley, al principio de legalidad y muy especialmente a los compañeros que están luchando día a día de forma encomiable por evitar que pueda sustituirse nuestro ordenamiento constitucional por un nuevo orden construido al margen de los procedimientos establecidos al efecto. Frente a un desafío tan notable como el que estamos observando, es nuestro deber, como Asociación, proclamar que el imperio de la ley prevalecerá y que nuestra Asociación siempre estará del lado de quienes defienden el ordenamiento jurídico. Nunca fuimos Abogados contra el Estado sino defensores del imperio de la ley. Es nuestra razón de ser.